Sobre la Constitución Europea (1)

Nuestra generación, la de los treinta, los de mente abierta, los de corazón ancho, somos los primeros en mirarla de reojo.

Una nueva Constitución, un nuevo espacio, un nuevo país, nuevas culturas... Ahora somos nosotros los acomodados, los ricos.

Ayer, 6 de diciembre de 1978, había en la gente una felicidad guardada durante más de 40 años, una felicidad inigualable, iba a haber algo por lo que ilusionarse y que sentaría las bases de nuestro futuro y el de nuestros hijos. Hoy esa ilusión es para casi un continente entero.

Nadie tuvo miedo de tirarse entonces a una piscina en la que sólo se atisbaba un poco de agua. Ahora que ya sabemos nadar y la piscina está bien llena, nos sentimos cómodos, y no queremos ver más allá de nuestro ombligo. Esta nueva norma va a nacer en breve, y como todo lo que ve la luz, tendrá que crecer, aprender de sus errores, aprender a vivir entre nosotros y nosotros con ella.

Brindemos una oportunidad al futuro e ilusionémonos con este retoño, que somos cientos de millones de habitantes y muchos de ellos apenas han atisbado la democracia.