Presunta estupidez

Recientemente el Tribunal Supremo ha sentenciado que "una desgracia no siempre tiene un culpable". Hace referencia a un incidente doméstico en el que una invitada a cenar a casa de unos amigos, resbaló con un juguete que había en un pasillo; como consecuencia han estado diez años de pleitos con una reclamación económica de 25.000 euros que finalmente no ha llegado a buen puerto.

Afortunadamente la ley ha aplicado el sentido común y aleja la posibilidad, cada vez más latente, de que todos los comportamientos y sucesos de nuestra vida puedan ser fiscalizados y juzgados por la sociedad. Estaríamos entrando en el famoso puritanismo americano en el que un café demasiado caliente se convierte en una millonada en forma de demanda.

Los ciudadanos también somos responsables de nuestros actos y deberíamos desterrar esa costumbre de acudir a nuestro "abogado por suscripción" para lloriquear como si nos hubieran pegado en el recreo. Luego decimos que hay atasco en los juzgados. ¡Propongo declarar culpable, de oficio, al que denuncie tonterías!