Vuelve el infierno

La ley del talión, en épocas donde gente como usted o como yo no tenía medida cuando de vengarse o cobrarse deudas se trataba, fue muy clara ya hace miles de años: el castigo o la reparación debían ser equivalentes al daño. La gente, en esa época, si el vecino por ejemplo le robaba una cabra, no veía mal quemar la casa y matar a los hijos de ese vecino. La ley del talión –tan gratuitamente denostada en la actualidad– llegó y dijo basta. Un avance fundamental hacia lo que entendemos hoy por justicia.

La religión judía entiende que el infierno no puede ser eterno, porque no hay daño que pueda ser equivalente a la reparación que implicaría lo eterno del castigo del infierno cristiano.

El Papa –máxima autoridad de la religión primogénita del judaísmo–, tan entendido en estas cuestiones como dicen, debería tomar nota de ese principio teológico fundamental y milenario antes de cortar la cinta del reinaugurado (y eterno) infierno.