Comida rápida... y sexista

Desde que trabajo en un restaurante de comida rápida he recibido quejas muy variadas pero, por ahora, nadie me ha echado en cara mi falta más grave y reiterativa. Todavía nadie me ha acusado de fomentar en sus hijos estereotipos de género; y no será porque no lo hago. Con el menú infantil, a los chicos les regalo siempre algún juguete que les permita expresar su energía viril, y a las chicas, en cambio, siempre les toca algo mucho más frívolo, preferentemente de color rosa y que fomente la pasividad. Montan tanta polémica por la salud de los asiduos a las hamburgueserías (sin duda hay motivos para alarmarse, no lo niego) y, sin embargo, ni las organizaciones de consumidores ni el Ministerio de Asuntos Sociales presionan para acabar con la apología del sexismo que, sutilmente, cometen estas cadenas.