¿Por qué lo consentimos?

¿Por qué consentimos que los enfermos oncológicos se vayan a morir a la unidad de cuidados paliativos? Allí están como ratones enjaulados, con paredes descorchadas, camas tan sumamente juntas que puedes oír los ‘pensamientos’ de tu otro compañero, también enfermo.


¿Por qué  consentimos que el personal –salvo excepciones, muy pocas, por cierto– no esté preparado para este tipo de unidad tan especial? El enfermo está allí por desgracia: no hay nadie por gusto. Los familiares nos encontramos acompañando en sus últimos momentos a nuestros seres queridos. Y no saben tratar con  dignidad ni al enfermo, que no puede colaborar, ni a la familia, que no ha visto nunca morir a nadie cercano.


¿Por qué consentimos que en estos últimos momentos estos llamados ‘profesionales’ no te acompañen en tu duelo personal y te den esa mano amiga que tanto necesitas en esos delicados momentos?


Sólo nos queda a mí y a mi familia la tranquilidad de que mi padre se murió rodeado de sus seres queridos, que al fin y al cabo somos los que lo queríamos. Allá cada cual con su conciencia.