Objeción de conciencia

Me ofende que, debido a la exhortación del Vaticano a los funcionarios públicos que en razón de su cargo deban intervenir en la celebración de matrimonios gays, la señora vicepresidenta nos haya negado a todos los españoles el derecho a la objeción de conciencia, que forma parte del elenco de los derechos y deberes que los ciudadanos tenemos reconocidos en la Constitución. ¿Es qué –en aras a ese progresismo de poco talento– todos vamos a ser ciudadanos de segunda?


Que no sea el partido gobernante quien acabe con una norma democrática fruto del consenso y del verdadero deseo de progreso de quienes supieron renunciar a ideologías y anhelos personales o partidistas para crear un marco que pudiese  la transición democrática de nuestro país.