ETA no se rinde

El ansia de paz del pueblo español es tal, que ya todo el mundo hace oídos sordos a que ETA no se rinde ni abandona las armas, ni tiene voluntad de abandonarlas, ni condena la violencia ni cesa de extorsionar. Lo que la banda terrorista pretende por dejar de matar –legalizar su partido– es inicialmente asumible, pero significa una fuente de ingresos para mantener a sus gudaris activados y a la espera de nuevas órdenes.

La segunda fase se inicia cuando los pardillos de turno aceptan sentarse en una misma mesa sin haber dejado las pistolas a la entrada, es decir, se traspasa el límite de no retorno. La amenaza subliminal de «volver a matar» será suficiente para ir aprobando todas las exigencias.

Me dirijo a los pardillos de turno que han confundido el ansia de paz con la ingenuidad, para que piensen no sólo en un principio del fin, sino en que más dura será la caída si se traspasa el límite de no retorno.