Cuando la furgoneta es el misil

Cuando la furgoneta es el misil

José Ángel González
JOSÉ ÁNGEL GONZÁLEZ ESCRITOR

Es el momento de las lágrimas, pero no debe estar reñido con los exámenes de conciencia. Por respeto a los inocentes masacrados, debemos ejercer la reflexión y formular dudas.

1. ¿No deberían ser identificados y castigados con el escarnio público y la consiguiente multa administrativa quienes difundieron, sobre todo a través de WhatsApp y Twitter, mensajes basados en el bulo o la ignominia durante el atentado de Barcelona? ¿No deberían ser llamadas al orden e imputadas por la Fiscalía por incitar al odio social, religioso y racial las empresas que gestionan ambas redes sociales?

2. No he escuchado demasiadas menciones sobre la operatividad casi perfecta durante los sucesos de los Mossos, cuerpo policial muchas veces colocado en la picota social y, hasta hace dos días, contrincante de Mariano Rajoy, opuesto a entregar a la policía armada catalana las tareas antiterroristas.

3. No tenemos miedo. Perfecto, es la opción de los valientes, de los éticos. ¿Por qué no exigimos que tampoco vivan con miedo los ciudadanos de Turquía, Iraq, Afganistán, Egipto, Siria, Yemen y los demás países, todos de mayoría religiosa musulmana, donde se ha producido el 87% de los atentados yihadistas en lo que va de siglo?

4. ¿De verdad no tiene relación alguna, ni la mínima, la elección de Barcelona como objetivo y el turismo? ¿Es posible encontrar escenarios urbanos tan poblados las 24 horas del día como la Rambla de Catalunya y sus aledaños? En la logística perversa previa al atentado, ¿no tuvieron en cuenta los gestores del ataque la masa infinita de visitantes de la tercera ciudad más turística del mundo?

5. Los ejércitos, sobre todo los anglosajones, usan desde la I Guerra Mundial la doctrina militar del shock and awe (sorpresa y pavor, dominio rápido, poder abrumador). El estratega chino Sun Tzu predicó muchos siglos el triunfo bélico mediante la "decapitación selectiva, instantánea de objetivos militares o sociales para alcanzar el dominio rápido". Los yihadistas árabes —postadolescentes, parias, tan alienados por internet como nuestros hijos blancos, no fichados, invisibles socialmente, escoria...— están ganando la guerra con un arma asequible: un vehículo pesado, arrojado para provocar pánico contra las masas de consumidores y paseantes. El mejor misil contra un objetivo diáfano, dócil, simbólico...

6. Las ciudades europeas se están transmutando en escenarios distópicos —y a algunos grupos políticos y económicos les encanta que se note el músculo en las superficies metropolitanas—, con los centros urbanos vandalizados por la colocación de brutalistas estructuras de hormigón —Manuela Carmena, con su estilo floral, ha optado por las macetas— y la presencia, siempre intimidante, de efectivos de variadas agencias de la ley luciendo armas de asalto, equipación swat, tanquetas y otro aparataje pagado con el erario público con la única motivación de ser mostrado. Las urbes que gestaron la Ilustración parecen hoy capitales de dictaduras bananeras. También en coacción nos están ganando.

7. Hasta la entrada en escena del yihadismo sobre ruedas, las urbes europeas no hacían nada para evitar la convivencia entre los indefensos peatones y los conductores de distintos tipos de misiles. Dirán ustedes que los coches, motos y autobuses que colman hasta la saturación Barcelona, Madrid, Bruselas, París, Londres, Niza, Berlín... no están conducidos por ultrapsicóticos religiosos. Es verdad, pero ¿alguien quiere echar la cuenta de cuántas personas han muerto atropelladas por conductores borrachos o hasta las cejas de cocaína? Estoy seguro de que son más las las víctimas resultantes de ataques etílicos y tóxicos que las de yihadistas. Es verdad que los atentados conllevan el dolor de la muerte premeditada, estudiada, pero sus víctimas son tan irracionales, injustas y tempranas como las de los accidentes.

8. ¿Por qué los medios de comunicación han adoptado como única la micronarrativa troceada? La fórmula del pseudodirecto —nadie o casi nadie está allí, nadie o casi nadie, de estar, hace uso de la mirada para algo distinto a concentrarse en la pantalla— me parece bien si te satisface la neurastenia informativa del impulso, contraimpulso, impulso otra vez..., pero me pregunto por qué no existe una opción pausada, clásica, elegante, contraria, precisamente, al miedo.

9. ¿Es una guerra? ¿Estamos en ella? Porque sí así es, y todo indica que no de otra cosa se trata, declaremos oficialmente el conflicto. Al menos tendremos la satisfacción de las sandeces de algunos al nombrar al enemigo.

10. ¿Siguen en pie nuestros derechos? Lo pregunto porque según la teoría de la sensatez democrática, merecemos que el Estado nos garantice la más perfecta tutela y cobijo y tengo la sensación de que podemos ser, en cualquier momento, carne muerta.

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