La benjamina de las cajas españolas es tan pequeña que apenas la conocen los vecinos de Castelldans, un pueblecito de Lleida. Es la Caixa Rural Sant Fortunat, que tiene solamente una oficina, cinco empleados, 1.300 clientes y menos de un millón de recursos propios. Unas cifras minúsculas frente a las de la entidad financiera más grande de España. El gigante Banco Santander cuenta con 14.082 sucursales, 178.869 trabajadores, 100 millones de clientes en todo el mundo y 49.051 millones de euros, según datos del Banco de España del 10 de marzo.
Las pequeñas hemos sido más prudentes y conservadorasPero el tamaño no es un problema para esta caja, que nació como una sección de crédito de la Cooperativa de Sant Fortunat y en 1963 pasó a ser una entidad independiente. De hecho, ser pequeña y ligera puede venir bien cuando en el camino aparece una cuesta arriba. Mientras un Goliat como CatalunyaCaixa suspende y necesita ampliar capital, un diminuto David como Sant Fortunat cumple los nuevos requisitos de solvencia impuestos por el Gobierno para reforzar el sistema financiero español en plena crisis.
"No es fácil cumplir, para nada. Pero en estos tiempos, las entidades mayores tienen problemas mayores. Las pequeñas hemos sido más prudentes y conservadoras. Tenemos menos problemas, pero, aún así, la crisis aprieta", explica a 20minutos.es Prudenci Daviu, director de la benjamina de las entidades de crédito en España.
No sentimos temor por el futuro, pero sí incertidumbre"Nosotros no sentimos temor por el futuro, pero sí incertidumbre. El proyecto que tenemos entre manos es crecer, pero seguir siendo independientes. Hemos firmado un protocolo con la Generalitat para integrar secciones de crédito de cooperativas agrarias catalanas. Pasaríamos del ámbito local al autonómico", asegura, orgulloso, Daviu.
Los clientes son los vecinos
El cliente no es un número, sino una personaSer pequeña y ligera también puede venir bien cuando hay que ser minuciosa. "El trato personal es nuestra diferencia. El cliente no es un número, sino una persona. Una persona que vive muy cerca y de la que conocemos su situación personal y familiar. Si tiene un problema, intentamos resolverlo", afirma su director.
Uno de esos clientes, quizás el más antiguo, es Lluís Trisquell, de 87 años. "La Caja Rural no hace todo lo que hace un banco grande, pero conozco a sus empleados, que viven en el pueblo o aquí al lado, y cómo actúan. Son Prudenci, Sandra, Salomé, Esther y Joan. Por eso tengo confianza en ellos. Me tratan muy bien, guardan mis ahorros y me lo solucionan todo", presume este anciano, que es cliente de la caja desde su fundación, en 1963, y ya lo era de la sección de crédito de la cooperativa.
Una mini obra social
Conozco a los empleados, que viven en el pueblo o aquí al lado. Por eso confío en ellosLa caja también cuenta, desde 2004, con una pequeña Obra Social, con la que participa en las iniciativas sociales del pueblo. De hecho, el 90% de sus 1.300 clientes son vecinos de Castelldans o de municipios colindantes. "También los hay de Barcelona, pero porque tienen raíces familiares en esta tierra", asegura Daviu, director de una caja donde la vecindad y el origen todavía no han dejado de ser una garantía de fidelidad.
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