Unas 396.000 personas, según la policía recorrieron varias localidades del país en protesta contra el plan y su proyecto principal, el Contrato de Primera Contratación (CPE, por sus siglas en francés), que dicen hará el empleo más inestable.
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El principal sindicato, CGT, situó la cifra de manifestantes en un millón, 200.000 de los cuales asegura que asistieron a la marcha en París. En Marsella, una pancarta que decía 'Contrato para esclavos' encabezaba la manifestación que se extendió por 2,5 kilómetros.
Una huelga en el transporte causó interrupciones en el servicio en varios sectores, mientras que en el sector energético los trabajadores protestaron por la fusión apoyada por el Gobierno entre la estatal Gaz de France y el grupo privado Suez, por considerar que supondrá una pérdida de empleos y la cesión del control de la empresa pública.
El CPE es una nueva modalidad de contrato reservada a los menores de 26 años que establece un periodo de pruebas de dos años, durante los cuales el empresario podrá despedir al trabajador sin dar un motivo.
Villepin asegura que animará a las empresas a la contratación de jóvenes, pero las críticas han golpeado duramente su hasta hace poco sólida popularidad, que ha caído del 52 por ciento en febrero al 41 por ciento, según una encuesta de Ifop para Paris Match que se dio a conocer el martes.
El primer ministro defendió el plan en la Asamblea Nacional, pidiendo a Francia que sea valiente y dé pasos para seguir avanzando en un mundo en cambio.
'Durante 20 años, la inseguridad ha sido la realidad para muchos jóvenes en nuestro país. Me niego a no hacer nada', aseguró.
El líder del grupo socialista, mayoritario en la oposición, Jean-Marc Ayrault, respondió: 'La cuestión es fácil. ¿Va a escuchar al pueblo francés? ¿Va a retirar el contrato ahora?'
La tasa de paro ha caído al 9,6 por ciento desde el 10,2 por ciento que alcanzó en mayo del año pasado, la cifra más alta en cinco años.
'No permitiremos que se plasme en la ley francesa que los trabajadores puedan ser despedidos con un chasquido de los dedos', declaró Bernard Thibault, líder de la CGT.
/Por Anna Willard/


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