La maquinaria tributaria impuesta por Ruiz-Gallardón en el Ayuntamiento desde su llegada a la alcaldía, funciona como un reloj.
En estos tres años de mandato, la recaudación por impuestos y tasas (lo que cobra por un servicio el Ayuntamiento) se ha duplicado.
Si en el ejercicio de 2003, el último presupuestado, y ejecutado en parte, por Álvarez del Manzano, el Consistorio ingresó 961 millones de euros; las cuentas municipales para 2006 prevén una cosecha de 1.990 millones (un 107% más). Mientras, el IPC en la comunidad subió un 9,7 %.
Razones de la subida
Los motivos son claros: aumento de la presión fiscal, más sujetos pasivos y sensibles mejoras en los mecanismos recaudatorios.
Los porqués, también. El gigantesco proceso de reforma urbana emprendido por el Ayuntamiento, con la M-30 a la cabeza, necesita más ingresos.

Tampoco es coja la evolución de la tasa de la grúa, que ha pasado de 84 a 132,60 euros (57,85 %). Este mismo año, sin ir más lejos, la multa por aparcar en segunda fila subió de 92 a 300 euros.
Mejor gestión del cobro
La deuda del Ayuntamiento (un pasivo de 5.042 millones de euros en 1996, frente a los 1.440 que dejó Álvarez del Manzano) está enraizada en la política de grandes obras de Gallardón.
Ambos condicionantes, obras y deuda, llevan al aumento de la presión fiscal sobre los contribuyentes. El alcalde matiza esta realidad aduciendo que recauda más porque cobra mejor y a más madrileños.




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