Llamazares comparte el optimismo moderado del Gobierno sobre ETA

MADRID (Reuters) - El coordinador general de Izquierda Unida, Gaspar Llamazares, dijo el lunes tras entrevistarse con el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, que su formación se muestra moderadamente optimista ante una posible tregua de ETA.

'Hemos intercambiado la información que tiene el Gobierno (...) es una información solvente que apunta a la posibilidad de un proceso de paz, y por tanto, en nuestra opinión requiere del apoyo de las fuerzas parlamentarias a ese hipotético proceso y nosotros lo damos', dijo Llamazares en una comparecencia ante los medios de comunicación en La Moncloa.

En los últimos días, diversos medios de comunicación han especulado con la posibilidad de que ETA, cuyo último alto el fuego fue en 1998, declare una tregua, mientras desde el Gobierno se pide prudencia.

Zapatero dijo recientemente que poseía información que le hacía pensar 'en el inicio del principio del fin' de la banda, lo que avivó las especulaciones.

ETA, que la semana pasada se atribuyó la colocación de dos artefactos en localidades de Navarra y Vizcaya, difundió el sábado un comunicado en el que aseguró que es hora de dar pasos hacia la resolución del conflicto vasco, pero en ningún momento habló de tregua.

Pese a no referirse a un alto el fuego, ETA señaló que es momento de cambios y que 'el diálogo y la negociación' son 'la única solución al conflicto'.

Llamazares recordó que su formación respaldaría la búsqueda de alternativas para la paz una vez que ETA abandone las armas definitivamente.

'Ni atajos en política antiterrorista ni tampoco en la política de paz: democracia, parlamento y decisiones mayoritarias de los ciudadanos', precisó el líder de IU.

Para dar pasos hacia la paz, la banda armada propuso en su declaración tres criterios: la defensa al derecho a decidir de los vascos, el cambio del estatus político vigente, y el diálogo y la negociación como únicos caminos.

1.000 DÍAS SIN ATENTADOS MORTALES

Desde el Gobierno, el secretario de Estado de Comunicación Fernando Moraleda dijo que querían huir de las especulaciones sobre cuándo podría anunciar la banda armada la tregua.

'No hay un horizonte temporal, hay una convicción, de mantener la política antiterrorista, y que este país necesita que llegue definitivamente la paz', dijo Moraleda.

Moraleda recordó que próximamente se cumplirán 1.000 días sin atentados mortales de ETA.

'Esto nos tiene que llenar de satisfacción, pero también de prudencia, la consecución de la paz tiene que llegar para muchas generaciones venideras', declaró.

/Por Emma Pinedo/

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Dice ser Pablo 4H
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Dice ser Pablo 4H, 21.02.2006 - 00.45h

¿Q tal Gasparín si le cuentas a los españoles cómo ha estado tu mierda de partido traidor negociando siempre q pudo con HB en cualquier pueblucho del PV para pintar media mona en política?

Pude parecer imposible, pero si hay alguien más traidor a España, patético, mentiroso, hipócrita,ruín, rastrero y miserable q ZP, ese es LLamazares.
Los dos de izquierdas, cómo no.

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Dice ser Peter Punk
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Dice ser Peter Punk, 21.02.2006 - 08.10h

Al comentario 1, 'Pablo 4h'... Ni siquiera los que pertenecemos al PCE y/o IU estamos contentos con Gaspar Llamazares, pero no le puedes acusar de esas idioteces, secundar propuestas puntuales de partidos en cualquier pueblo es un delito? Acaso a eso no se le llama democracia? Acaso tu PP no secundo propuestas de otro partido representante del terrorismo mundial como el el partido republicano de George Bush?. Es muy diferente estar deacuerdo en hacer un parque en el pueblecito de villabajo del los pipiolos con un partido democratico con sospechosos vinculos con un grupo terrorista que estar deacuerdo en hacer la guerra contra un pais sin razon aparente. Si queremos que ETA abandone las armas estamos todos de acuerdo... pero a no ser que se demuestre lo contrario, los pactos puntuales entre los partidos no estan en contra de la ley no?.. explicamelo tu que pareces q tienes mucho que decir en este sentido listillo...

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Dice ser No en mi nombre.
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Dice ser No en mi nombre., 21.02.2006 - 10.15h

Merece la pena leerlo.


CARTA DE CONSUELO ORDÓÑEZ, HERMANA DE GREGORIO ORDÓÑEZ

....«Los rojos», claro. En junio estuvimos reunidas en Moncloa las asociaciones de víctimas del terrorismo periféricas, otro compañero y yo, representando a Covite. Fue allí y al comienzo de esa reunión, cuando el presidente se dispuso a dar inicio a un discurso, y entre los primeros párrafos, algo escucharon mis oídos que chirriaron de forma estrepitosa, y fue cuando el señor Zapatero tuvo la osadía de decirnos, sin venir a cuento, claro, cómo a su abuelo lo habían matado en la guerra los nacionales.Lo siento, pero tuve que interrumpir en ese momento su discurso, y le espeté «y a mi abuelo, los rojos». Alzó su mirada hacia mi persona, y continuó como si nada.

Esta mañana en la radio he oído cómo en la reunión del viernes pasado en la que recibía a los organizadores del Congreso de Víctimas del Terrorismo, se encontraba María Jesús González, de todos conocida, y cuando le contaba al presidente que su hija (Irene Villa) y ella todavía se preguntaban «¿por qué nos ha pasado esto?», éste respondió que también a su abuelo lo habían matado en la guerra.

¿Se hace el tonto nuestro presidente? Porque, claro, cuando una persona con su responsabilidad suelta una comparación de este tipo, no es más que una metedura de pata inmensa, y que tiene tan fácil respuesta como «y a mi abuelo los rojos» por lo que, si fuera un poco más inteligente, se lo callaría para siempre, o al menos tendría la delicadeza de no soltarlo nuevamente en otra reunión con víctimas del terrorismo.

A mi abuelo, señor presidente, lo mataron «los rojos», se lo repito, y no en la guerra. Mi abuelo no era soldado, era «tratante» que había cometido el delito de prestar dinero a un indeseable, que, para ahorrarse la devolución de tal dinero, acusó a mi abuelo no se sabe muy bien de qué, y se ahorró devolvérselo. Y como en esa época «los rojos» de la zona acostumbraban a sacar de sus casas a personas inocentes y a fusilarlas en las cunetas, a mi abuelo también le tocó, como le tocó a su mejor amigo, un médico de irreprochable fama de Gandía y, cuando se encontraba mi abuelo quitando la placa de su casa por petición de su viuda, es cuando vinieron a por él los milicianos rojos y se lo llevaron. Con lo cual yo, señor presidente, tampoco he podido conocer a mi abuelo, y también mi abuela se quedó en una precaria situación con tres niñas pequeñas, siendo una de ellas mi madre. Mi abuela después de la guerra deambuló cada vez que la avisaban de que abrían una fosa común, hasta que al fin logró encontrar a mi abuelo, por lo que su amigo el médico y mi abuelo no fueron los únicos que «los rojos» asesinaron.

Sólo que a diferencia de la suya, mi madre no sólo perdió a su padre, sino que también perdió a su hijo.

Mire, mucha gente que me conoce del País Vasco, y que han sido mis mejores amigos en los «malos tiempos» y todavía lo siguen siendo, no conocen esta historia que usted me ha obligado a contar hoy aquí. Estos amigos luchadores incansables por la libertad, Rosa, Oli, Merche, Aurora, Carlos, Fernando, José Luis, Ana, Mikel... no puedo, como comprenderéis, decir los nombres de todos, defensores todos ellos a ultranza de la vida, aun a riesgo de perder la suya, como les ha pasado a algunos de ellos. Mi amigo Joseba, o mi amigo Poto, son de «izquierdas» de toda la vida, de la que viene usted. pero que afortunadamente no se le parecen en nada a usted.

Con ellos he estado todos estos años, en la calle reivindicando nuestros derechos más elementales negados en ese pueblo, «el vasco», que tanto sufrimiento me ha causado a mí y a miles de personas. De ellos he aprendido todo, a transformar mi odio en lucha constructiva e inteligente por la Democracia. A ellos los llevo en mi corazón aun estando a seiscientos kilómetros de distancia. Ni ellos ni yo hemos tenido nunca el más mínimo prejuicio que haya impedido nuestra amistad.

Pues bien, sólo decirle que usted no se parece en nada a esta gente, y que con usted no hubiera sido posible que en el País Vasco tantas personas con pasados tan diferentes nos hubiéramos unido para hacer frente a esa ignominia llamada terrorismo nacionalista.

Gracias desde aquí a todos vosotros, luchadores de la libertad y de la democracia, y gracias a usted, presidente, por no haber vivido en el País Vasco, porque si todos fuéramos sectarios como usted esta lucha en común y que tantos frutos nos trajo no hubiera sido posible.

Con usted estamos retrocediendo a velocidades supersónicas en la derrota del terror, y parece que con usted y ese extraño proceso de normalización y de paz que quiere sacar adelante con la ayuda inestimable del nacionalismo, acabaremos viendo lo que sus compañeros del País Vasco o su vicepresidenta nos han anunciado, y es que en este partido en el que nosotros ponemos los muertos, empatemos. Sólo espero que alguien lo remedie, y que volvamos a esos tiempos en los que en el País Vasco por lo menos estábamos juntos todos los luchadores por la Libertad.

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Dice ser Restaurante el descanso
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Dice ser Restaurante el descanso, 21.02.2006 - 10.16h

Este es lo que pasara con el 11m?

ZARAGOZA. Veintisiete años después, una de las víctimas del atentado que sufrió el zaragozano Hotel Corona recibirá la indemnización por aquellos hechos. Cobrará del Estado 36.000 euros por las heridas que sufrió y que le han dejado secuelas de por vida. La indemnización le llega, como a otras víctimas de aquel atentado, tras el tortuoso camino de pleitos y reclamaciones en el que se vieron inmersas, porque tuvieron que pasar más de dos décadas para que se reconociera que lo ocurrido fue obra de terroristas.

El 12 de julio de 1979, el zaragozano Hotel Corona de Aragón se convertía en trampa mortal para 78 personas. Otras 114 resultaron heridas por un incendio que devastó el edificio. Ese día, entre los clientes del hotel se encontraban alojados la viuda de Franco, Carmen Polo -que fue rescatada con heridas leves-, su yerno y su hija -los marqueses de Villaverde- y dos de sus nietos.

Un largo proceso

Tuvieron que pasar 21 años para que la Administración reconociera que se había tratado de un atentado y no de un incendio fortuito. Esta tesis planeó desde el principio. En 1990, el Consejo de Estado emitió un informe en el que indicaba que se había tratado de un atentado terrorista y que, por lo tanto, esa consideración se le debía reconocer a las víctimas del Corona. Ese dictamen se basó en informes del Colegio de Arquitectos, de dos investigadores del Ejército y de Sanidad, quienes coincidieron en que un incendio fortuito en la cocina no podía haber tenido un efecto tan devastador.

Sin embargo, el Ministerio del Interior no reconoció que se había tratado de un atentado hasta el 23 de junio de 2000. En ese momento se abría la puerta para que las víctimas exigieran las indemnizaciones que la ley reconoce a quienes han sufrido los efectos de un atentado terrorista.

Una de ellas es Benet Puig Amat, vecino de Sabadell. Como propietario de una empresa de vinos y aceites, viajaba regularmente a Zaragoza. Ese 12 de julio se alojó en el Hotel Corona con su hermano Josep. Ambos estaban en la segunda planta del edificio y salvaron su vida lanzándose por la ventana. Los dos resultaron heridos de diversa consideración.

Reclamó hace un año

La Asociación Catalana de Víctimas de Organizaciones Terroristas le recordó hace un año que aún podía pedir la indemnización, después de que convencieran al Alto Comisionado para que abriera un nuevo plazo para ello. Así lo hizo y el pasado viernes recibió el formulario oficial para que el Gobierno le ingrese esos 36.000 euros. Su hermano no la cobrará, porque después de tantos años que habían transcurrido se había deshecho de las pruebas médicas y de los documentos que demostraban que había estado alojado en el hotel y que también era víctima del atentado.

Benet Puig tiene ahora 79 años. Ayer declaró a Efe que la indemnización le servirá «para cubrir gastos, que siempre va bien, aunque hoy en día con esto no se puede hacer gran cosa». Como consecuencia de las heridas que sufrió estuvo un año sin poder andar, le quedó una ligera cojera y no puede caminar «más de media hora seguida».

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