Una equipo de científicos de la universidad estadounidense de Siracusa dirigido por el biólogo Scott Pitnick ha descubierto que en aquellas especies en las que las hembras son promiscuas, los machos dotados con órganos sexuales más grandes tienen cerebros más pequeños.
“Al final, parece que el tamaño importa”, bromea Pitnick, cuyos descubrimientos han sido publicados en el número de diciembre de la publicación ‘online’ ‘Proceedings of the Roal Society: Biological Science’.
El estudio demuestra que, al menos en algunas especies, los machos han evolucionado hacia una relación inversamente proporcional entre su potencia sexual y su inteligencia, según explica David Hoskens, biólogo del Centro de Ecología y Conservación de la Universidad de Éxeter y toda una autoridad en el estudio de los murciélagos.
Los murciélagos invierten mucho en el desarrollo de sus testículos y esta inversión tiene que venir de alguna parte
Sin embargo, en las especies en que las hembras son promiscuas, los testículos suponen entre un 0,6% y un 8,5% del cuerpo.
"El que eyacula más gana"
“Si una hembra se relaciona con más de un macho comienza la competición de esperma. El macho que eyacule una mayor cantidad de esperma es el que gana, y efectivamente, gran cantidad de machos han desarrollado unos enormes testículos”, dice Pitnick.
El estudio revela que en la mayoría de las especies monógamas, el tamaño del cerebro de los machos es aproximadamente un 2,6% del peso del cuerpo. Mientras que en las especies promiscuas, el tamaño de sus cerebros representa un 1,9%.




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