Este edificio, diseñado a finales del XIX por el arquitecto Joaquín Rucoba, fue visitado hoy por la portavoz socialista en el Ayuntamiento de Madrid, Trinidad Jiménez, y el diputado socialista en la Asamblea Antonio Chazarra, acompañados por arquitectos y vecinos contrarios a su descatalogación para convertirlo en hotel.
Entre ellos, el arquitecto y ex campeón de pelota Fernando Larumbe: "Imagina que la mezquita de Córdoba fuera la única que quedara de la Reconquista y se decidiera salvar como patrimonio histórico la fachada y otros elementos pero en el interior se monta un centro comercial con tiendas de Roberto Verino, Zara, etc.".
El PSOE propone comprar el edificio
Jiménez anunció que su grupo presentará al pleno del próximo día 31 una proposición "para que el frontón -ahora propiedad privada- pase a ser de dominio público, bien por acuerdo con la propiedad o por expropiación dado el interés social del edificio, y garantizar su conservación y adecuación para usos deportivos en este distrito".
La edil destacó que Chamberí carece de equipamientos deportivos municipales y recuperar el Beti-Jai -en euskera, siempre fiesta- permitiría "rehabilitar el edificio y hacer no ya un polideportivo al uso, sino un proyecto que puede tener una envergadura mayor, precisamente al tratarse de proteger un bien histórico".
Por su parte, Antonio Chazarra anunció que ha registrado una proposición no de ley "para salvar este edificio singular catalogado, y dotar a la ciudad de Madrid y a la Comunidad y sobre todo a este distrito de un espacio para usos deportivos y culturales de los que Chamberí es deficitario".
El diputado propone restaurar el Beti-Jai para "usos que sean compatibles y coherentes con las finalidades para las que fue construido, conservando el edificio como característico del neomudéjar de finales del XIX", lo que le convierte en el "frontón histórico más importante de Europa".
Coches abandonados y plantas en la pista
El frontón se encuentra en la calle Marqués de Riscal y en estado de total abandono, como se pudo comprobar desde la azotea de un edificio anejo: la vegetación ha tomado la pista y el esqueleto de un par de vehículos abandonados afea aún más el recinto, en el que, no obstante, puede apreciarse una arquitectura de gran ligereza.
La estructura metálica de los palcos, capaz de sostener los tres pisos de altura del edificio, y la fachada principal, con arcos de herradura neomudéjares y un gran ventanal circular, son los elementos que, en medio del abandono, aún dan idea de lo que pudo ser este lugar en el pasado.
El edificio, con una superficie de 10.800 metros cuadrados sobre una parcela de 3.609, se encuentra catalogado en el Plan General de Urbanismo como singular y protegido en el Conjunto Histórico de la Villa de Madrid.




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