En uno de los mejores momentos de Clerks 2, a Kevin Smith se le aparecieron las musas para hacer una reducción a la mínima esencia de la trilogía de El señor de los anillos. En un determinado momento, uno de los protagonistas se quejaba de la calidad de las cintas de Peter Jackson argumentando que "son tres películas de gente caminando de un lugar a otro".
Meek's Cutoff tiene la intriga de saber qué va a ser de ese grupo
Reduciendo al absurdo Meek's Cutoff, cinta que se ha presentado hoy en la Mostra como la apuesta más importante del día, podríamos decir lo mismo. Un centenar de minutos en los que un grupo de colonos del oeste americano vagan en busca de la tierra prometida. Del lejano Oeste, vamos.
Dejando la mala leche aparte, Meek's Cutoff, de Kelly Reichardt, tiene una poderosa virtud. Porque aunque no pase gran cosa en pantalla, la intriga por saber qué va a ser de ese grupo en plena travesía por las llanuras del mid-west americano atrapó a gran parte de la sala hasta el los títulos de crédito.
Entre medias, y sin olvidar que esto es un western, atípico, pero un western, varios clásicos del género: el indio que amenza al grupo, el pistolerlo sin piedad que no se anda con tonterías, la mujer que los tiene mejor puestos que muchos de los hombres del grupo. Debería rascar algo en el palmarés del próximo sábado, pero la intriga y la tensión que Reichardt consigue crear con los elementos mínimos, es digna de elogio.
Otra de orientales y mamporros
Con Detective Dee and the mistery of the phantom flame, de Tsui Hark, ya son tres las cintas orientales de acción que la Mostra ha programado hasta el momento. Tres. Que se dice pronto. A estas alturas, hablar de la sinopsis de otra cinta de época en la que los protagonistas se abren paso a través de hordas de enemigos gracias a sus dotes para el combate cuerpo a cuerpo, parece una broma. En todo caso, Detective Dee se lleva la medalla de plata en la subsección oriental de la Mostra. Reign of assassins, esa codirección de John Woo, tenía más empaque.
'Post mortem' cerró la jornada en Venecia
Y la jornada se ha cerrado con la chilena Post mortem, en la que seguimos la vida de un tipo encargado de transcribir los informes de un forense. Es uno de esos ejercicios de cine de autor que bordean la línea entre el coñazo y la genialidad. El coñazo lo ponen su primera hora -insufribles planos fijos, un protagonista con la misma expresividad que una piedra- y la genialidad el tramo final, autopsia a Salvador Allende incluida.
Con la segunda semana del festival llega el desembarco español. Mañana es el día de Caracremada, opera prima de Lluis Galter, una historia de un maquis en los años centrales del franquismo y el martes le llega la hora a Álex de la Iglesia y su Balada triste de trompeta.















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