Además, siete soldados murieron en dos ataques diferentes, tres bombas explotaron en Bagdad, dos de ellas detonadas por suicidas, y los insurgentes sabotearon un oleoducto cerca de la ciudad de Kirkuk, en el norte del país, provocando un enorme incendio.
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Un día después de que 58 personas murieran en una oleada de bombas y disparos, este último derramamiento de sangre probablemente azuzará las tensiones entre los musulmanes suníes y chiíes, después de las elecciones de diciembre.
Kerbala es una de las ciudades santas chiíes, mientras que Ramadi es un bastión árabe suní y un semillero de insurgentes.
La violencia ha volado las esperanzas de que el país pudiera comenzar 2006 por un camino más pacífico, lo que habría permitido estudiar una reducción en el número de soldados estadounidenses.
En total, la violencia ha matado a más de 240 personas y herido a más de 280 desde el Año Nuevo, unas cifras comparables a algunos de los peores momentos desde la invasión del país por Estados Unidos en 2003.
'Estos grupos de terror negro no tendrán éxito con sus actos cobardes a la hora de disuadir a los iraquíes de su intento de formar un gobierno de unidad nacional', manifestó el presidente iraquí, Jalal Talabani.
La desconfianza entre la minoría suní y la mayoría chií ha aumentado tras los resultados de las elecciones parlamentarias de diciembre, que algunos suníes y dirigentes seculares afirman se manipularon para favorecer a los chiíes.
SANGRE JUNTO AL MAUSOLEO
El suicida de Kerbala detonó un cinturón de explosivos cargado con metralla, matando a 51 personas e hiriendo a 138 en un mercado a escasa distancia de la cúpula dorada del mausoleo del Imán Husein, uno de los lugares santos para los chiíes.
El día anterior había explotado el primer coche bomba en esta ciudad desde diciembre de 2004.
Una hora después, otro suicida se inmoló cerca de un grupo de policías y reclutas del Ejército en la ciudad de Ramadi, en el oeste del país, causando 70 muertos y unos 65 heridos, dijeron fuentes hospitalarias.
Según el Ejército estadounidense, el suicida se inmoló en medio de unos 1.000 reclutas cuando esperaban a ser registrados y cacheados antes de entrar en un centro temporal de reclutamiento. La policía y los reclutas del Ejército, que EEUU espera pueda acabar asumiendo el mando en la lucha contra la insurgencia árabe suní, han sido objetos de continuos ataques.
Además, cinco soldados estadounidenses murieron en Bagdad por la explosión de una bomba en la cuneta de la carretera contra su vehículo, y otros dos lo hicieron cerca de la ciudad santa chií de Nayaf, en el sur del país, por el mismo método. Dos civiles iraquíes también murieron en este ataque.
También hubo explosiones de bombas en Bagdad, aunque tuvieron un impacto menor.
Tres coches bomba, dos de ellos conducidos por suicidas, explotaron en una rápida sucesión, matando a dos personas e hiriendo a seis, dijeron fuentes de la policía y del Ministerio del Interior.
/Por Sami Jumaili y Ammar Alwani/


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