Era un día como tantos otros, aburrido y monótono en el trabajo. Lo único que me alegraba la tarde era ese chico de labios gruesos y cabello ondulado que llamaba tanto mi atención y que sabía que yo le interesaba por la manera como se acercaba a mí. Hasta que un día rompimos el hielo cuando me lo crucé en la calle, intercambiamos teléfonos y como jugando empezamos a salir.
Cada beso suyo me erizaba la piel y su manera de pegarse a mi cuerpo me hacia desearlo más y más Cada beso suyo me erizaba la piel y su manera de pegarse a mi cuerpo me hacia desearlo más y más. A los pocos días me invitó a su casa, con un poco de nervios pero a la vez entusiasmada empezamos a besarnos. Nunca olvidaré su manera de hacerme el amor, dulce, sus besos, sus caricias en mi piel, su manera de abrazarme, sus dedos entre mi cabello, el llegar al éxtasis en el mismo instante perdiendo el aliento juntos.
A pesar de no seguir juntos después todavía lo recuerdo y cuando estoy con mi novio actual, al que amo mucho, hay ocasiones en que termino melancólica recordando esa ternura con la que el primer chico me trato aquella vez. Lo veo todos los días, no nos hablamos, pero al cruzar miradas los dos sabemos que recordamos ese momento...


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