El Espanyol hizo su juego, destruyendo el poco que intentó el Getafe. El centro del campo azulón no existió, más por acierto del Espanyol que por defecto del Getafe. Vivar Dorado no apareció en ningún momento y se echó de menos la consistencia y autoridad de Diego Rivas, al que Bernd Schuster dio hoy descanso.
Los de Miguel Angel Lotina se aprendieron a la perfección cómo parar a los madrileños y tuvieron la habilidad de manejar el ritmo del partido, e incluso de imponerlo a su rival, con el predominio del juego aéreo sobre el de campo y con ataque a base de balones largos, que a punto estuvieron de sorprender a la defensa local, que no estuvo hoy fina.
La calidad también apareció por el Coliseum en las botas de Juanfran, grande en la banda, o de Jonathan, que dieron una continua sensación de peligro, que el Getafe, por medio de Güiza, Redondo o el ídolo de la afición, Craioveanu, intentó contestar.
El guión cambió un poco en la segunda mitad, que comenzó con la entrada desde el banquillo local de un recuperado Paunovic y del joven Alberto, cambios con los que Schuster intentó recuperar el manejo del balón e imprimir ritmo y ataque a su equipo.
El Getafe dispuso de su oportunidad más clara hasta el momento tras un rechace dentro del área que aprovechó el canterano del Valencia, Pablo Redondo, para propinar al balón un derechazo que no entró por muy poco en la portería del joven Gorka, que tuvo más trabajo en este periodo.
Luego Moisés, incomprensiblemente sólo dentro del área azulona en un córner, estrelló con un cabezazo la pelota en el larguero de la portería de Calatayud.
A falta de diez minutos para el final, llegó la jugada del partido, con polémica incluida. Muñiz Fernández observó penalti sobre Redondo y Güiza, que no es el especialista del equipo, se dispuso a lanzarlo.
El balón voló alto y se fue por encima de la portería, pero el árbitro pidió que se repitiera por invasión de los periquitos en el área antes de tiempo.
Esta vez fue Paunovic el que quiso probar suerte, pero ésta no estuvo esta noche del lado local, puesto que el serbio volvió a fallar la pena máxima.
En esta ocasión no hubo repetición y el fallo costó muy caro al Getafe, que vio cómo del 1-0 se pasaba al 0-1 tras una buena falta botada por Coro que Jarque acertó a desviar hasta batir a Calatayud, que se quedó como una estatua mientras el balón entraba en su portería.
El partido no dio más de sí y acabó con la victoria por la mínima del Espanyol, que da mucho margen a los de Lotina para el partido de vuelta y ánimo para afrontar este sábado el derbi frente al todopoderoso Barcelona, y deja tocado al Getafe, que visitará al Cádiz el domingo.




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