Sin portar armas y apenas cubiertos por gafas de sol y sombreros, los vigilantes recorren en días soleados toda la playa de Abricó, un área reservada cercada por montañas y vegetación tropical localizada en el Parque de Grumari, en el oeste de la ciudad carioca.
Además de evitar la entrada de personas vestidas o la presencia de curiosos que merodeen entre la vegetación para espiar a los nudistas, los vigías imparten consejos de "etiqueta" en la playa, añade el informe.
Que las personas estén desnudas no implica que no tengan que cumplir las reglas, explicó uno de los guardias, identificado con el nombre ficticio de Alexandre, para evitar, según él, "bromas de sus amigos".
Policías y pescadores son los únicos que pueden entrar vestidos en Abricó, pero para unos y otros valen también las mismas normas dictadas por los vigilantes de la playa.
El presidente de la Asociación Naturista de Abricó, Pedro Ricardo de Assis Ribeiro, explicó que la falta de vigilancia policial y de avisos llevaron a los socios a contratar guardias para garantizar la tranquilidad de quienes gustan de disfrutar de la naturaleza sin ropa.
Por tratarse de un área de protección ambiental, la señalización que delimita la playa de Abricó, hecha por los mismos nudistas, desaparece con frecuencia por las olas del mar. La Secretaría del Medio Ambiente del municipio de Río de Janeiro anunció que unas nuevas señales serán instaladas en febrero para delimitar la playa y evitar confusiones.




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