En las calles de La Paz los habitantes temen que la puja entre el dirigente cocalero Evo Morales, favorito en los comicios, y el ex presidente conservador Jorge Quiroga profundice la escisión entre los empobrecidos campesinos del occidente del país y la población más acomodada del oriente.
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'Hay mucho resentimiento con los hechos ocurridos. Es una lucha de clases. Esto está ingobernable', dijo Hugo Mirabal, un administrador de empresas, mientras camina en la calle 21 del barrio residencial de Calacoto, donde se concentra buena parte de los comercios de lujo de La Paz.
'Si un candidato gana, el otro no lo va a dejar gobernar', aseguró.
En La Paz sus habitantes tienen frescas en sus mentes las sangrientas protestas de 2003 cuando miles de personas se lanzaron a las calles para exigir la nacionalización de la industria del gas natural, en un proceso que duró meses, derribó al presidente y dejó decenas de muertos.
En ese momento, Morales, que cuenta con el apoyo de los sectores más empobrecidos y radicalizados de la población en el occidente del país, respaldó las protestas.
En el oriente, donde se ubican las reservas del segundo mayor productor de gas natural de Sudamérica, el líder del izquierdista Movimiento al Socialismo (MAS) no es tan popular y su población no esconde su simpatía por Quiroga.
Según sondeos, Morales aventaja por apenas cinco puntos porcentuales a Quiroga, que fue presidente durante el 2001 y 2002 tras la renuncia por razones de salud del entonces mandatario Hugo Bánzer.
Con un 34,2 por ciento de apoyo hacia el líder indígena aymara, el casi 11 por ciento de indecisos puede volcar el domingo la balanza a favor de uno u otro candidato.
RESIGNACIÓN
El pesimismo en algunos habitantes de La Paz no entiende de clases y afecta tanto a la elite instalada en su zona sur en medio de lujosas tiendas y supermercados, como a la empobrecida periferia, donde los indígenas se amontonan en las montañas que rodean la capital política de Bolivia.
'Prometen todo tipo de cosas para llegar al poder y, en el momento que entran, se olvidan de todo. Nadie puede arreglar los problemas que hay. Yo voto en blanco', explicó Eliseo Cacilio, un limpiabotas de 43 años.
Según el analista César Rojas, de la fundación UNIR de estudios sociológicos, 'hay un sentimiento de resignación y de un cierto realismo, ya que el MAS tiene grandes posibilidades de ganar. Pero, el MAS tiene posibilidades de tranquilizar al país porque tiene mayores raíces sociales'.
Las divisiones entre occidente y oriente se agudizaron desde el estallido social de 2003 y algunos departamentos en el este del país, el más pobre de Sudamérica, hasta llegaron a reclamar su autonomía.
Pero, entre el pesimismo también asoman los optimistas, principalmente entre una población indígena que representa a más del 50 por ciento de los 9,4 millones de bolivianos.
'(El MAS) es un partido nuevo y le debemos dar una oportunidad. Queremos que alguna vez nos coloquen donde nos merecemos y sin que haya racismo', aseguró Mónica Ticona, una indígena aymara de 33 años, mientras vende en la calle dulces y panetones para Navidad.
/Por Adriana García/.*.




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