En Peio Terme, una tendida subida con una emboscada al final, David Arroyo salvó, sin pérdidas, otra jornada más su liderato en un Giro, bendito Giro con jaleo a diario.
La guardia pretoriana de Ivan Basso en el Liquigas estiró el pelotón los últimos ocho kilómetros de la 17ª etapa buscando desfallecimientos. Arroyo, bien arropado por el Caisse d'Epargne, respondió.
"Querían arañarme tiempo, pero no lo lograron. Mi moral va a más y la de ellos [Basso, Cadel Evans,...] puede ir a menos", analizó. Sólo Sastre y Cunego cedieron cinco segundos.
Casi diez minutos antes había cruzado la meta, exhausto tras un ataque a tres de meta, el francés Damien Monier, miembro de una fuga de 19 ciclistas que se fue deshaciendo entre ataques en los últimos kilómetros.


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