El primer ministro francés, Dominique de Villepin, que usó medidas de emergencia para mitigar las protestas, está ahora bajo presión para mostrar que pueden afrontar los problemas después de tres semanas de disturbios, principalmente de jóvenes africanos o árabes.
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Añadió que los actos de discriminación serían castigados con multas de hasta 25.000 euros, las empresas considerarían directivas para que las solicitudes de trabajo sean anónimas y gobierno y sindicatos intentarían incrementar la diversidad en el sector estatal.
'La crisis que hemos vivido ha mostrado debilidad e incompetencia y nos ha puesto al tanto de los progresos que se han de hacer', dijo Villepin en su rueda de prensa mensual.
'La urgencia hoy es hacer de la igualdad de oportunidades una realidad para todos, con dos niveles: trabajo y educación', añadió.
Miles de coches fueron incendiados en los episodios, que terminaron a mediados de noviembre después de que el Gobierno invocara a una ley de la era colonial permitiendo declarar toques de queda. Los agitadores se quejaban del elevado desempleo y de la exclusión en la sociedad francesa.
Villepin, que hizo del recorte del desempleo la prioridad de su Gobierno tras su designación por el presidente Jacques Chirac el 31 de mayo, alabó una caída en la tasa de desempleo por debajo del 10 por ciento en los últimos meses, pero dijo que no era suficiente.
Agregó que los niños que se enfrentan con dificultades en el colegio recibirían más apoyo, y perfiló un 'contrato de responsabilidad paternal' para ser redactado con los trabajadores sociales y los colegios que asegure que los padres están implicados en la educación de sus hijos.
Villepin también dijo que los jóvenes podrían ocupar períodos de aprendizaje desde la edad de 14 años en lugar de desde los 16 y que la prestigiosa universidad Sciences Po establecería un colegio experimental en un suburbio pobre de París que se vio afectado por los disturbios.
'Necesitamos acción. Tenemos que rechazar la desprotección del estado y encontrar soluciones para los problemas de los franceses', dijo.
Muchos jóvenes de los suburbios han expresado sus dudas en que el gobierno lleve a cabo sus promesas, y el opositor Partido Socialista seguía siendo escéptico.
'Está tratando de jugar a Santa Claus con un paquete de regalo en el que no hay nada', dijo el portavoz del Partido Socialista Julien Dray. 'No hay dinero para los suburbios, para la gente en el terreno o para cambiar las cosas'.
Villepin también se enfrenta a algunos desacuerdos en asuntos políticos por parte de su número dos en el gobierno, el ministro del Interior Nicolas Sarkozy.
Sarkozy, que no mantiene en secreto sus ambiciones presidenciales y podrían enfrentarse con Villepin en el liderazgo de la centroizquierda de cara a las elecciones presidenciales de 2007, apoya la 'discriminación positiva' para ayudar a las minorías a encontrar trabajos. Villepin descartó esto último una vez más.
/Por Helene Fontanaud/


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