Lágrimas de felicidad y protestas de impotencia

Lágrimas de felicidad y protestas de impotencia

Lágrimas de felicidad y protestas de impotencia
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No llovió a gusto de todos. Parece lógico. Eran muchos los aspirantes a propietarios y muy pocos los que habrían de resultar agraciados.
El contraste de emociones contenidas explotó cuando la única bola salió del bombo. Mientras unos saltaban de alegría y no podrían reprimir las lágrimas de la emoción, otros protestaban a gritos y abucheaban llenos de desesperación. La fortuna no podía estar del lado de todos.

Ayer La suerte llamó a sus puertas...

«Creía que era una broma»

Raúl pintos jiménez.

Trabajaba como un día cualquiera mientras su bola caía del bombo. El 17.185 tiene nombre y un proyecto de vida: Raúl Pintos Jiménez (en el centro en la foto) que, con tan sólo 21 años, ha logrado el sueño de la emancipación. Ahora vive con su abuela y nunca olvidará el número que le ha dado el primer piso de las 697 viviendas protegidas que Emvisesa sorteó ayer. «Creía que era una broma cuando me llamó mi padre –comenta emocionado Raúl–. He llamado a todo el mundo, ¡estoy que no me lo creo!». Es delineante en una empresa de ingeniería industrial en Dos Hermanas. «Mis compañeros daban botes de alegría, como si les hubiera tocado a ellos», cuenta entre risas. Y prosigue:  «Lo veía muy complicado, pero a alguien le tenía que tocar».  La celebración, cómo no, con una cervecita en la mano.

Tamara Benjumea. 18 años. «Estoy temblando, esto es mucho para el cuerpo. No se puede pedir más». Llena de nervios, llamó a su madre para retransmitirle en directo el momento en el que su nombre y su número —17.316— salían en la pantalla. En ese instante, gritos y saltos de ella y de los amigos que le acompañaban.

Antonio Vázquez. Va a casarse. El rostro de Miriam reflejaba la ilusión. Tiene 18 años y su novio, que no pudo acudir al pabellón, tenía uno de los números agraciados, el 17.877. «No se lo podré decir hasta que lo vea, está en su trabajo», comenta. Ahora podrán cumplir el sueño de casarse y comenzar una vida en común.

Mª Mercedes Jiménez. 58 años. «Llevamos cuatro años esperando. Hemos estado en varios sorteos, pero no hubo suerte. Vivimos con mi hijo en su piso y no teníamos casa», explica. Ahora han conseguido su independencia con el número 17.669. A sus 58 años, ha logrado el sueño de su vida: tener una vivienda propia.

... Y en las suyas pasó de largo

Antonio Torrijos, delegado de empleo, se topó de frente con las críticas. Al salir del lugar del sorteo comenzaron los abucheos y las protestas. «Tongo, tongo», gritaban en las gradas los que no tuvieron la suerte de su lado. No entendían el método del sorteo. «Cómo una sola bola de 42.000 puede decidir el destino de 700 pisos, no es nada justo», comentaban.

Mercedes Nieto. Asistente. Ella y otra compañera estaban muy decepcionadas y molestas. «Tenían que haber movido más el bombo, hubiese habido más opciones –protesta indignada–. Para esto no nos tenían que haber hecho venir hasta aquí, nos han quitado la ilusión de golpe. Estamos defraudadas con el sorteo. Es legal, pero no estamos de acuerdo con la forma».

Una aspirante

No puede reprimir su enfado y comenta indignada con otra de las asistentes (amiga de una de las afortunadas) que el sistema no le ha parecido el más idóneo. Algunos, con el alma en un puño, se desgañitaban explicando la situación desesperada de sus vidas y la gran necesidad de una vivienda para poder solucionar sus actuales problemas.

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