El ambiente en casa de José Luis Pino, patrón de pesca del Albacora XV (un atunero de 86 metros de eslora), empieza a nublarse. Su mujer y sus dos hijos saben que en menos de una semana cogerá un avión rumbo a su trabajo, a cientos de millas de la costa, y que no volverá en cuatro largos meses. Durante ese tiempo se dedicará a buscar bancos de peces. Su misión: conseguir la máxima carga (1.300 toneladas de atún) en menos de 45 días, tiempo máximo que pueden estar sin ir al puerto de Costa de Marfil para descargar, cargar las despensas y repostar agua y carburante.
La jornada empieza y termina con el sol. Hay que estar alerta en todo momento
Junto a Luis, otros 30 marineros de Galicia, Euskadi, Senegal, Costa de Marfil y Ghana esperan el aviso de embarque. Una vez en el buque, más de 120 días de duro trabajo. "La jornada empieza y termina con el sol. Hay que estar alerta en todo momento porque aquí manda el pescado. Cuando aparece dejamos lo que se esté haciendo (desayuno, comida, reparaciones, limpieza, el pitillo...) y hasta el final. Además, luego tenemos los turnos de las guardias", explicó a 20 minutos José Luis.
El miedo está en el Índico
Hace varios años José Luis dejó su puesto como capitán en el Albatún, un buque que faenaba en el Índico. Explica que ya entonces no se podía vivir tranquilo por los ataques pirata y que ahora, por lo que le cuentan sus compañeros, es mucho más peligroso.
Los radares no se percatan de los esquifes en los que se mueven los piratas
"Los radares no se percatan de los esquifes en los que se mueven los piratas y estas embarcaciones son mucho más rápidas que los pesqueros. Además, si el barco ha lanzado las redes para faenar no hay forma de escapar de ellos porque se tarda algo más de dos horas en recogerlas y no se pueden cortar los cables", cuenta José Luis.
Este marinero, que lleva 20 años faenando en aguas de los océanos Índico y Atlántico, explica que con la incorporación de la seguridad privada a bordo parece que los marineros están más tranquilos, pero que no es suficiente. "Sólo se les puede detectar con la vista y eso hace que cuando te vienes a dar cuenta los tienes en la parte de atrás del buque y en minutos en la cubierta", detalla. Cuando un pesquero tiene apuros, se acude en su ayuda o se avisa al más próximo
Por otro lado, explica que los pescadores cuentan con otra arma contra la piratería: la solidaridad entre pescadores. Dice que cuando se conoce que hay un pesquero en apuros se acude en su ayuda o se avisa al que esté más próximo. "En la mar sólo nos tenemos a nosotros", aclara.
En la actualidad, la flota española del océano Índico está compuesta por 30 buques, 16 de pabellón español (13 atuneros más tres auxiliares matriculados la mayoría en el País Vasco y Galicia). Por otro lado hay 9 atuneros y 5 auxiliares de capital español y pabellón de Seychelles.
Estos 14 buques no son barcos con bandera de conveniencia. Los 25 años de actividad de la flota española en aquel país ha hecho estrechar los lazos comerciales entre las empresas pesqueras y el Gobierno de Seychelles, el cual ha impulsado el desarrollo de su propia flota.
Piden más seguridad
La ministra de Medio Ambiente y Medio Rural y Marino, Elena Espinosa, admitió este lunes la necesidad de "seguir reforzando todas las medidas de seguridad" para proteger a los buques en el Índico, después de que este fin de semana se produjera el último intento de ataque a un pesquero español que faenaba en la región, mientras que permanece secuestrado desde la semana pasada un buque de Kenia cuyo capitán, de origen portugués, reside en Vigo.
Curiosidades del Albacora XV
Buque: Tiene 86 metros de eslora y cuenta con 30 habitaciones individuales, duchas, espacio para almacenar 1.300 toneladas de pescado, cocina, comedor, sala de mandos y un salón. Hace unos años se le añadió unos metros más de eslora para aumentar su velocidad, entre otras cosas. Celebran cada domingo una barbacoa para mejorar las relaciones personales
La vida a bordo: Celebran cada domingo una barbacoa para mejorar las relaciones personales. Entre ellos se distinguen por blanquitos y morenos, un término cariñoso, aseguran. Por otro lado, en el interior del buque está totalmente prohibido fumar y la mayoría habla con su familia una vez a la semana porque las llamadas son caras.
Pesca: Saber dónde está el pescado es primordial. Para ello cuentan con radares que miden la temperatura del agua y el placton (así saben dónde puede estar el atún porque vive en aguas a una determinada temperatura).
Vigilancia: Cuenta con prismáticos (con un alcance de unos tres kilómetros) para vigilar la llegada de posibles embarcaciones que no pueden ser detectadas por el radar.
Idioma: Se utiliza el español. Los marineros aseguran que es un idioma fácil de aprender. Cuentan que los extranjeros que embarcan por primera vez tardan en aprenderlo lo que dura la campaña (cuatro meses).


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