Leonardo Sbaraglia: "El diablo está en la Tierra, y va ganando la batalla"

Leonardo Sbaraglia
El actor Leonardo Sbaraglia. (JORGE PARÍS)
  • El actor protagoniza 'El corredor nocturno'.
  • "La única moral que nos han impuesto es la del dinero", lamenta.
  • Critica la educación que el sistema impone para los niños: "Lo que más necesita un niño es amor, pero se les educa a base de castigos".

Quizá encarnar a Eduardo, el protagonista de El corredor nocturno, le haya pasado factura: aunque encantador, Leonardo Sbaraglia parece cansado y algo pesimista. Quizá sea haber interpretado a un oficinista en tratos con una especie de diablo (encarnado por Miguel Ángel Solá), o las muchas entrevistas durante la mañana.

¿Por qué este papel?

Por el guión. Porque es duro, pero te atrapa. Y porque me interesaba hablar de alguien que pierde su humanidad por dejarse arrastrar por el sistema, y deja de ser persona para ser un instrumento.

¿Le pasa eso a la gente?

Por desgracia, sí. Para crecer, el sistema invade al ser humano y sus relaciones. Su cabeza, sus gustos, sus deseos.

En la película dicen: "La moral es un invento del débil".

La única moral que nos han impuesto es la del dinero. Se disfraza de bondad, de arte, pero la única moral que se lleva es la que habla de rentabilidad y beneficios. Y si hay que expropiar, matar, se hace.

¿Hay alguna receta para vivir con todo eso?

Es personal, pero creo que tiene que ver con construir cosas. Con hacer las cosas con afecto y querer a los que te rodean. Y tener la esperanza de que otro sistema, aunque no sé cuál, es posible. Pero para conseguirlo hay que ser hábiles y luchar con las mismas armas del sistema.

En la película, el personaje de Solá le arrastra al mal. ¿Le ha pasado como actor?

Por suerte, mi profesión se despega del negocio puro y duro. Es arte, creación. La posibilidad de expresarte actuando es maravillosa. Liberadora: crea las condiciones para ser mejor persona.

¿Y le ha ocurrido en su vida?

Sí. Existen personajes así: el demonio no está en el infierno, sino en la Tierra, y va ganando la batalla. Pero no por eso tenemos que perder la esperanza en el ser humano. Eso, precisamente, es lo más importante: no dejar que nos quiten la humanidad.

Usted tiene una hija. ¿Cómo educarla en un mundo así?

Estoy rodeado de gente maravillosa que ofrece otros caminos. Lo que más necesita un niño es amor, pero se les educa a base de castigos: es la receta que el sistema nos irá imponiendo después. Educar con culpa. Amenazar. Ése no es el camino, sino enseñar con paciencia, saber que uno está aprendiendo también.

¿Qué ha aprendido usted como actor?

A comprender cómo piensan otros lo que, a la postre, sirve para reflexionar sobre uno mismo. Te abre los ojos. Y, cuánto más ve uno, más culto y mejor persona es.

Ahora vemos mucho, ¿pero no somos cada vez menos cultos?

Sí. Nos vamos guiando por nuestro trabajo, por nuestra cotidianidad, y miramos menos a los otros. Nuestra cabeza y nuestra alma se van haciendo más pequeñas.

¿Qué le ha hecho crecer más como actor y como persona?

La paternidad. Es maravillosa. Es el mejor camino que puede tomar un ser humano para ser mejor persona.

Y su carrera, ¿cómo va?

Aleatoria, como siempre. Tengo ganas de armar un proyecto más mío, más personal.

BIO Nació en Buenos Aires, Argentina, en 1970. Su madre es actriz y profesora de teatro. Comenzó a ser conocido en España en 2000, gracias a Plata quemada. En 2001 ganó el Goya al mejor actor revelación por su trabajo en Intacto.

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