Es hora de cerrar. Daniel Rojas lleva ocho horas trabajando y sus ojos están enrojecidos de fijar la vista en la pantalla. Cuando el ordenador se apaga, su oficina se transforma en la habitación de su casa. Toca cambiar el chip, relajarse y descansar. Hace una década, Rojas apostó por crear desde casa su propio sello discográfico especializado en metal extremo, Mondongo Canibale Records. Hoy sobrevive como puede, invirtiendo lo poco que gana en el propio sello.
"He renunciado a sacar discos porque se vende muy poco", lamenta. "Ahora me centro más en la distribución y el merchandising. Por suerte, todavía no se pueden bajar camisetas por Internet". Pese a su situación, Rojas está a favor de las descargas, pues, según afirma, es "el primero que lo hace". Y sin embargo, considera que las discográficas son "imprescindibles". Dos realidades que buscan una coexistencia viable y equilibrada.
Pulso al Gobierno
Ese desequilibrio ha llevado a una veintena de sellos independientes a pasar a la acción. Planean denunciar al Gobierno "por negligencia y daños patrimoniales", y exigen que se tenga en cuenta a un colectivo que produce el 80% de los discos que se publican en nuestro país.
Queremos que se sepa que hay una industria formada por gente normal, que ni tiene limusinas ni mansiones ni nada que ver con Ramoncín
"El objetivo es que nos hagan caso", apunta Gerardo Cartón, uno de los impulsores de la iniciativa y responsable de Pias, sello bajo el que se publican en España los discos de Tom Waits y Franz Ferdinand, entre otros. "Queremos que se sepa que hay una industria formada por gente normal, que ni tiene limusinas ni mansiones ni nada que ver con Ramoncín", defiende.
La denuncia, que han puesto en manos del reputado bufete de abogados Roca Junyent, responde al "derecho a patalear" ante la piratería. Preguntado por una posible solución, Cartón apunta en dos direcciones: "Si se subvencionase a la música la décima parte que al cine, nos daríamos con un canto en los dientes". Y sentencia: "Suena políticamente incorrecto, pero hay que multar al usuario, como se hace en otros países. Está bien bajarse un disco de vez en cuando, pero la cultura del todo gratis es absurda y perjudica a todos. Yo no voy por ahí robando jamones".
Cambiar de estrategia
Desde Aloud Music, un sello barcelonés que tiene en nómina a bandas de rock como Nothink, The Last Three Lines o The Joe K-Plan, lanzan la nota discordante. "Respeto mucho a todos esos sellos, pero no estoy de acuerdo", apunta Sergio Picón. "Los que defienden ese camino cargan contra el usuario, y eso es un error. Nosotros tenemos la postura contraria: ver lo que quiere y llegar a un acuerdo con él".
Para que lo cuelgue otro, prefiero hacerlo yo
En su día, Aloud tomó una decisión tan inusual como arriesgada: permitir la descarga gratuita de sus discos en su web. "Para que lo cuelgue otro, prefiero hacerlo yo", explica Sergio. "Así la gente puede escuchar nuestros lanzamientos a buena calidad". ¿Y cuál es el resultado? "Nuestras ventas no sólo no han caído, sino que aumentan año a año".
La diferencia en la manera de pensar reside, quizás, en la juventud de un sello como Aloud, operativo desde 2003. "Haber nacido en esta década nos hace tener otra filosofía", sostiene. "No dependemos de vender discos, sino de los conciertos, ya que comenzamos como agencia de management antes que como sello", explica. "O te adaptas o cierras", concluye, "porque tratar de controlar Internet es como querer poner puertas al campo".



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