La exposición Creadoras olvidadas, auspiciada por el Ayuntamiento de Valladolid, reivindica estos días el nombre de 24 artistas femeninas nacidas antes de los años cuarenta cuya obra no obtuvo el reconocimiento que merecía, bien por los formulismos sociales de la época, bien por su condición de esposa o hija de otro conocido creador. Es el caso de María y Helena Soroya, hijas del pintor Joaquín Soroya; de las hermanas Álvarez de Sotomayor (hijas de Fernando Álvarez de Sotomayor) o de Eva Preetsmann Aggerholm, esposa del pintor y escultor Vázquez Díaz.
No son las únicas que se vieron obligadas a desarrollar su actividad artística y profesional de una forma soterrada, en muchos casos tras la protección de un seudónimo. Estos son algunos casos:
Böhl firmó sus libros bajo el nombre de 'Fernán Caballero', convencida de que escribir era cosa de hombres Cecilia Böhl de Fáber y Larrea: Hija de Don Juan Nicolás Böhl de Faber, cónsul de Federico Guillermo III de Prusia en Cádiz, y de Frasquita Larrea, gaditana con sangre irlandesa, nació accidentalmente en Suiza en 1976, aunque pasó después la mayor parte de su vida en Andalucía. Heredó su vocación por las letras de su madre, quien tradujo obras de Byron y fue anfitriona de tertulias literarias. Desde muy joven, colaboró en diversos periódicos. Convencida de que "escribir es cosa de hombres", utilizó un seudónimo, Fernán Caballero, para firmar una veintena de obras, entre ellas La Gaviota o Clemencia.
Zenobia Camprubí: Nacida en Malgrat de Mar en 1887, esta escritora de talento se convirtió en la colaboradora decisiva del poeta Juan Ramón Jiménez tras casarse con él en 1916. Antes de eso, había residido en Estados Unidos, donde estudió en la Universidad de Columbia y el feminismo americano. Viajó sola, leyó a los clásicos españoles e ingleses, escribió cuentos en castellano e inglés y tradujo a Rabindranath Tagore. Después de su boda, su prioridad fue apoyar a su marido en su carrera profesional, desempeñando las labores de secretaria y traductora para él.
María Lejárraga: También conocida como María de la O Lejárraga García (La Rioja, 1874), fue una escritora española. Sus inquietudes literarias chocaron con las convenciones del momento. Casada con Gregorio Martínez Sierra, también escritor, llegó a publicar sus obras de teatro bajo el nombre de éste. Con los años, la pareja admitió públicamente la verdadera autoría de los escritos.
Mary Ann Evans: Nacida en Astley (Gran Bretaña) en 1819, y criada en una estricta moral evangélica, se aficionó a muy temprana edad a la literatura. Políglota y educada, escribió novelas de estilo realista que recrean la vida provinciana en la campiña inglesa, así como los conflictos morales de la época. Para firmarlos, usó un nombre masculino, George Eliot, con el fin de asegurar que su trabajo fuera tomado en serio y publicado. Entre sus obras figuran Escenas de la vida clerical o El molino del Floss.
Amandine Aurore Lucile Dupin: Poseedora del título de baronesa de Dudevant, Dupin es una escritora francesa nacida en París en 1804. Con el fin de no ser reconocida, firmó sus obras bajo el seudónimo masculino de George Sand e, incluso, llegó a pasear por París con un atuendo masculino con el fin, se dice, de circular más libremente por la ciudad del Sena. Esto no pudo impedir que se forjara una pésima reputación por su conducta libertina. Entre sus novelas más exitosas se encuentran Un invierno en Mallorca, Indiana o Lelia.
Tras los populares Currer, Ellis y Acton Bell se escondían las hermanas Brontë Las hermanas Brontë: Charlotte, Anne y Emily y Brontë, nacidas a principios del siglo XIX en Gran Bretaña, escondieron su identidad bajo los seudónimos masculinos de Currer, Ellis y Acton Bell. Dejaron novelas tan populares como Agnes Grey o Cumbres borrascosas.
Jeanine Baganier: Esta compositora francesa y estudiosa de la música norteamericana del siglo XX que fue galardonada con el primer Premio de Piano del Conservatorio de París compuso más de 60 obras bajo el nombre de Freddy Anoko.
Sophie Germain: Incluso en el campo de las Matemáticas algunas mujeres han preferido escudarse tras un nombre masculino. Es el caso de Sophie Germain, nacida en París en 1776. Cuando tenía 18 años, mandó sus fórmulas y propuestas de cálculo a un ilustre profesor de la Escuela Politécnica de la ciudad del Sena firmadas como A. A. Leblanc.


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