Lavapiés (Centro) ya es el cuarto barrio videovigilado de la ciudad, tras las calles Mayor, Ballesta y Montera. Los 48 dispositivos de videovigilancia instalados por el Ayuntamiento de Madrid comenzaron este miércoles a funcionar después de que una comisión del Tribunal Superior de Justicia de Madrid aprobara su puesta en marcha. Una comisión del Tribunal Superior de Justicia de Madrid aprobó su puesta en marcha
Aunque, según la comisión, las cámaras no vulneran la intimidad de los vecinos, ya que, gracias a su orientación y enfoque, no se pueden grabar imágenes de domicilios y de personas privadas, muchos residentes del barrio han mostrado su repulsa por las mismas, al creer que sólo es un mecanismo de "control" que trata de "imponer el miedo en la sociedad".
Hasta hay montada una plataforma ciudadana, llamada Un barrio feliz, que el pasado viernes se manifestó en la plaza de Lavapiés contra los aparatos.
Otros, sin embargo, creen que mejorará la seguridad del barrio. Sobre todo los comerciantes, los cuales llevaban tiempo reclamando más medios policiales en la zona debido a los numerosos robos y trapicheos de drogas.
Contradicciones
Los dos bandos están claramente definidos. Sin embargo, ambos caen en fuertes contradicciones. Los anticámaras dicen sentirse vigilados, aunque, paseando este miércoles por Lavapiés, nadie parecía ocultarse de los vídeos, los cuales cuentan con carteles que avisan de su colocación.
Por otra parte, en el bando contrario, pese a que muchos se quejan de la inseguridad, son pocos los que aseguran haber sido atracados o robados alguna vez.
Estos 48 dispositivos de videovigilancia están colocados en diversas esquinas, y cubrirán el área comprendida entre las plazas de Tirso de Molina, Cascorro y Lavapiés.
Vecinos ante los objetivos
Paqui Cordero, 50 años. Quiosquera. "Supongo que vendrán bien". "Pese a que el barrio está mejor que hace dos años, seguro que traerán más seguridad. Aunque no importa, porque lo realmente importante es que pongan a más policías por aquí".

Alberto Domarco, 56 años. Cerrajero. "Me parece genial". "Las cámaras darán más seguridad, lo malo es que los camellos dejarán de trapichear en las plazas para irse a las calles pequeñas. Los que están en contra de ellas no son ninguno del barrio".
Maia Bulla, 30 años. Actriz. "Son una m... no solucionan nada". "No me gustan. Llevo siete años aquí y he trabajado en todos los bares. Sólo me robaron una vez... y fue en Sol. Es cierto que en los comercios hay más hurtos... igual que en todos los barrios".
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