Los hombres lloraban desconsoladamente mientras la procesión recorría las calles de Beirut, repletas de carteles del multimillonario suní, que murió en un atentado con coche bomba el lunes.
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'Fuera Siria, Fuera Siria', gritaban los asistentes mientras algunas personas lanzaban arroz desde los balcones a la ambulancia que llevaba el cadáver del hombre que había personificado las peticiones de la oposición para que las tropas sirias dejaran el país.
Entre lágrimas, sus hijos y parientes transportaron el féretro, envuelto en la bandera libanesa, desde la ambulancia a una inacabada mezquita que Hariri había financiado en el centro de Beirut, en el pasado asolado por la guerra. Allí, algunos asistentes se desmayaron durante el entierro en medio de escenas de caos.
Su muerte revivió los recuerdos de la guerra civil que vivió el país entre 1975 y 1990 y evidenció las difíciles relaciones del Líbano con Siria, su poderoso vecino. También ha incrementado la presión internacional, especialmente EEUU y Francia, para que Siria abandone el Líbano.
Una fuente de seguridad dijo que al menos 150.000 personas se habían sumado a la procesión del funeral, pero otros testigos estimaron que cientos de miles habían tomado las calles en una de las mayores y más diversas afluencias públicas del país en décadas.
La Administración estadounidense llamó el martes a consultas a su embajador en Damasco para mostrar su descontento con la presencia militar y política de Siria en el Líbano.
Varios ministros árabes y europeos, además del responsable de Política Exterior de la UE, Javier Solana, el subsecretario de Estado estadounidense, William Burns, y el presidente de la Liga Arabe, Amr Moussa, estaban entre los dignatarios extranjeros que se encontraban en Beirut para el entierro.
La familia rechazó las ofertas gubernamentales de un funeral de Estado y dejó claro que responsables oficiales como el presidente Emile Lahoud, respaldado por Siria, no eran bienvenidos.
Por toda la ciudad se escuchaban las oraciones de las mezquitas y el tañir de campanas de las iglesias. La marcha, que en un principio era silenciosa salvo por el sonido de la ambulancia, estalló en gritos de 'Alahu Akbar (Dios es grande)' y cánticos contra Siria y sus aliados en el Líbano.
'Venganza, venganza contra Lahoud y Bashar', gritaron algunos de los participantes, en referencia al presidente libanés y su homólogo sirio Bashar al Asad.
'Te temían, te mataron', se leía en una pancarta junto a la casa de Hariri. 'Todos estamos gritando para que Siria se retire. Quiero matar a alguien hoy: un sirio', dijo uno de los asistentes.
DISGUSTO EN WASHINGTON
Las autoridades estadounidenses dijeron que estaban considerando nuevas sanciones contra Siria por su negativa a retirar 14.000 efectivos de Líbano, y Washington cree que Damasco permite operar en su territorio a extremistas palestinos e insurgentes iraquíes.
'El Gobierno de Siria desgraciadamente está ahora en una senda en la que las relaciones no están mejorando', dijo la secretaria de Estado norteamericana, Condoleezza Rice, en Washington. 'Continuaremos analizando qué otras opciones tenemos a nuestra disposición'.
La Casa Blanca dijo que era demasiado temprano para decir quién había matado a Hariri.
Hariri, de 60 años y que dimitió en octubre como primer ministro del país, encabezó el ambicioso proyecto para reconstruir el país, lo que dejo al Líbano sumido en deudas.
/Por Tom Perry y Lucy Fielder/


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