Como si se tratase de un combate de boxeo en Las Vegas o como en un partido de la NBA -serán los genes anglosajones-, el Torneo de Maestros, que se celebra desde este año en el pabellón O2 de Londres, con capacidad para 20.000 espectadores, ha estrenado una impactante iluminación, en la que el foco de atención se pone, completamente, sobre la pista de juego y los tenistas, y mantiene en la penumbra a los espectadores.
Después de las tres primeras jornadas de campeonato, la luz azulada es un tema de conversación recurrente entre los jugadores.
La atmósfera que crea es excelente. Diferente al resto de torneos
"Está tan oscuro que no puedes ver a la gente y quizá falte un poco de interacción, pero sí los oyes", comenta Andy Murray, el tenista británico, ídolo local.
"Esta luz es única", asegura el número 1 del mundo, Roger Federer. Para Nadal, "la atmósfera que crea es excelente. Diferente al resto de torneos".
En barco a jugar
Otra de las novedades es que los tenistas pueden ir al O2 en barco desde el hotel oficial, justo enfrente de la abadía de Westmister, en un viaje por el Támesis de 35 minutos.
"Yo prefiero venir en coche. El barco es todavía muy lento", se quejó Murray el primer día de torneo. Otros, como Nadal, son habituales del paseo en barco y, después de perder el lunes en su estreno ante Soderling, regresó al hotel en el de las seis de la tarde.




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