Situado en el departamento del Ariège, el castillo de Montségur es uno de los sitios cátaros más conocidos. Sus antiguas piedras elevadas al cielo son fiel testigo del movimiento que se refugió entre sus muros.
Capital de la iglesia cátara, Montségur es el símbolo de la resistencia frente a la represión católica. Además este castillo fue calificado en su época como templo solar y santuario del Santo Grial. Los cátaros se instalaron en el sur de Francia en el siglo XI
El catarismo se instaló en el sur de Francia durante los siglos XI y XII. Su influencia en la región de Midi-Pyrénées fue muy grande, sobre todo en la ciudad de Albi. Pero no sólo allí, Cordes sur Ciel, Foix, el famoso castillo de Montsegur e incluso Toulouse, albergan en sus calles y paredes la historia de esta creencia y de su dura persecución
La religión cátara rechazaba la riqueza de la Iglesia Católica. Los cátaros eran pacifistas y creían en la reencarnación. Sus fieles se dividían en perfectos u hombres buenos y creyentes. Los perfectos eran aquéllos elegidos que debían vivir en la castidad y practicar el vegetarianismo. Habían renunciado a las riquezas del mundo y eran tanto hombres como mujeres.
En cada solsticio de verano, cientos de personas se acercan a la fortaleza con la intención de ver el famoso “rayo rojo” que atraviesa la fortaleza como si fuera un último mensaje de los cátaros.
Ese día, al alba, el sol llega por los arcos orientales y sale por los arcos occidentales para indicar, dice la tradición, el lugar donde está escondido el tesoro de los cátaros.
A los cátaros de Montsegur también se los conocía con el nombre de “tejedores”. Eran ellos, al igual que los comerciantes de lanas, los encargados de ir desde el castillo hasta el pueblo de Lavelanet a tejer y, a la vez, transmitir la doctrina cátara.
Hoy en día se puede subir al castillo de Montségur dejando el coche al pie de la peña, de 1207 m de altitud, sobre la cual está edificado.
Aquí se puede hacer el llamado Camino de los Tejedores, que sale del centro de Lavelanet a las 9 de la mañana y llega a Montségur tres horas más tarde y 16 kilómetros después. Este es el camino por el que muchos tejedores cátaros bajaban la lana en mulas hasta el pueblo, centro textil histórico del Ariège.
Fortalezas y casonas en las ciudades del sur muestran la vida y las tradicones
Mirepoix. Turismo de Midi-Pyrénées propone una estancia en el cercano pueblo de Mirepoix, en La Maison des Consuls, antigua casa de justicia, de 8 habitaciones 2 de ellas suites, que ha sabido preservar su autenticidad integrándose perfectamente a la "bastida" medieval de Mirepoix.
Las habitaciones son de ambiente medieval, art déco, o contemporáneo. Todas tienen en común el confort y el buen gusto. Algunas, con su encanto de antaño, situadas encima de las cubiertas de la plaza central, tienen una vista incomparable al S. XIII. Abajo, el café de los chalanes donde se sirve un abundante desayuno. 2 días/ 1 noche alojamiento y desayuno desde 51 euros por persona. Se puede pre reservar en www.turismo-midi-pyrenees.es con palabra la clave H50.
Foix, protector y comprometido. El castillo de Foix, ciudad principal del departamento del Ariège, se impone por su tamaño, por la posición dominante en el seno de la ciudad y por su estado de conservación. Construido en el siglo XI resiste valientemente a Simón de Montfort, jefe de la cruzada organizada contra los cátaros. “Fundiré la roca como si fuera grasa y asaré al jefe” había declarado delante de la fortaleza que permaneció impenetrable.
El señor del castillo era Raymond Roger de Foix, ardiente defensor de los cátaros. Su condado fue el refugio de todos los perseguidos. Hoy en día, el castillo alberga el Museo Departamental del Ariege.
De Toulouse a Cordes-sur-Ciel, la memoria viva del catarismo. Numerosas ciudades y pueblos testimonian por todas partes en Midi-Pyrénées el compromiso de los cátaros y de las batallas que les opusieron a la Iglesia en el transcurso del siglo XIII. Toulouse, Cordes, MIrepoix... conservan hoy calles y ambientes del s XII
Cordes-sur-Ciel. La ciudad fortificada de en el departamento del Tarn es un ejemplo. Fundada en 1222 por el conde de Toulouse para instalar a los habitantes de un pueblo destruido por Simon de Montfort, la ciudad es famosa por su patrimonio gótico.
Sus fachadas están decoradas de esculturas enigmáticas donde se puede descifrar ciertos símbolos y episodios de la historia cátara. Se cuenta que sus habitantes en 1233, arrojaron a tres inquisidores al pozo situado debajo de la plaza central de 114 metros de profundidad.
No lejos de ahí, el pueblo de Penne ocupa un sitio precioso en la garganta del Aveyron: las ruinas del castillo son un testimonio de la brutalidad de Simon de Montfort. Este último arrasó la región antes de morirse en 1218, al sitiar Toulouse.
En el sur de Toulouse, el bonito pueblo de Saint-Felix-Lauragais es también un testimonio importante del catarismo: en su castillo se desarrolló el primer concilio de la Iglesia cátara. Su catedral, con su campanario de estilo gótico de Toulouse, marca la reconquista de la zona por la Iglesia romana. Muchos otros lugares conservan en sus piedras la memoria de la epopeya cátara como las ciudades de Castres, Mazamet o Mirepoix entre otras.
- Información: web: www.turismo-midi-pyrenees.es/es/descubrir/cataros-templarios.php




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