A pesar de que se ha producido un descenso en la violencia general en el país, insurgentes, milicianos y otros grupos siguen realizando ataques con bombas y tiroteos, que según los observadores podían aumentar antes de las elecciones generales de enero.
Las explosiones del domingo, que se produjeron cerca del Ministerio de Justicia y del edificio de la gobernación provincial de Bagdad, suponen el atentado más sangriento en la capital iraquí desde mediados de 2007.
Varios líderes mundiales criticaron los ataques, y las autoridades iraquíes atribuyeron el atentado a Al Qaeda y a vestigios del Gobierno del ex dictador Sadam Husein. La oposición culpó a las fuerzas de seguridad.
Irak está intentando reconstruir su economía y su sociedad después de décadas de represión, guerra y ruina económica. No se ha logrado establecer la seguridad desde la invasión liderada por EEUU en 2003, y la violencia sectaria posterior.
Las tropas estadounidenses han empezado a retirarse gradualmente, antes de abandonar el país en 2011, y la responsabilidad de garantizar la seguridad recae ahora principalmente en los policías y soldados iraquíes.




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