Una empresa de Igualada, en Barcelona, dedicada al hierro ha cerrado sus puertas, pero no ha despedido a los empleados. Ellos acuden cada día a su lugar de trabajo, a pesar de que no cobran y tampoco pueden trabajar. Para tener algún ingreso, han tenido que recurrir a la limosna.
Para pedir en la calle usan sus cascos de trabajo y con lo que consiguen pagan la gasolina de los empleados que viven fuera del pueblo.
Su empresa se ha declarado insolvente, pero como no les ha despedido oficialmente, tienen que acudir cada día al trabajo; eso sí, sin cobrar. Ya llevan más de dos meses así, con las facturas colgando del cuello. Hacen el máximo ruido posible para que se normalice su situación y al menos, puedan cobrar el paro.
En total son casi 200 familias las afectadas por esta situación. Sus vecinos les apoyan y quien no da limosna es porque no puede.
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