Es una celebración religiosa que se ha hecho notar en los comercios musulmanes. Los bares y restaurantes de la ciudad (de la calle San Francisco, Postiguet o plaza del Mar) cierran durante el día ante la falta de clientela y tan sólo abren sus puertas a partir de las 19.30 horas, minutos antes de que esta comunidad de creyentes abandone el ayuno diurno. La actividad se recupera gracias a la típica harira, sopa con muchas calorías y que ayuda a recuperarse del largo día con el estómago vacío.
Sin embargo, las pastelerías árabes casi doblan su actividad. En estas fechas, las horas nocturnas se convierten en una celebración familiar donde se consumen los pastelillos árabes, «sobre todo la chabakia, tradicional dulce que en estas fechas se vende en grandes cantidades», según explica Samir, gerente de la Pastelería Alí Baba.
En las carnicerías se intensifica la venta. Alí, empleado de la carnicería Tahar aseguraba ayer que «este mes se vende mucha carne picada para sopa harira y bourag, un plato energético con carne, huevos, queso y aceite de oliva.




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