Investigadores de la Universidad de Oxford en Reino Unido han manipulado la actividad de neuronas individuales en moscas de la fruta y han proporcionado a los insectos recuerdos de malas experiencias que en realidad no han sucedido. Los resultados de su trabajo se publican en la revista Cell.
Según explica Gero Miesenböck, responsable del estudio, "las moscas tienen la capacidad de aprender pero los circuitos que dirigen la formación de la memoria se desconocen. Pudimos identificar el componente esencial en 12 células. Esto es un logro muy importante".
Los organismos simples podrían tener una "sorprendente y rica vida mental", dice el jefe de la investigación
Para descubrir las neuronas exactas responsables de esta memoria entre las miles del cerebro de las moscas, los investigadores desarrollaron una técnica llamada optogenética en la que un haz de luz libera moléculas presentes en neuronas seleccionadas que después estimulan la actividad de estas neuronas.
Miesenböck explica que el equipo realizó algunas suposiciones sobre las partes del cerebro que podrían ser importantes para el aprendizaje en las moscas. A partir de aquí, los investigadores pudieron estrechar la búsqueda hasta llegar a experimentar en un circuito de 12 neuronas cerebrales. La estimulación de estas neuronas proporcionó a las moscas un recuerdo de un suceso desagradable que nunca se había producido.
"Nos gusta tomar fenómenos psicológicos aparentemente elevados y reducirlos a su mecánica, para ver por ejemplo cómo la inteligencia necesaria para adaptarse a un ambiente cambiante puede reducirse a interacciones físicas entre células y moléculas. La cuestión es: ¿cómo se consigue inteligencia a partir de partes que no son inteligentes?", plantea Miesenböck.
Un cerebro con muchos secretos
El investigador afirma que utilizando su método de 'escribir directamente en la memoria', los científicos pueden ahora conseguir un nivel de evidencia sobre el funcionamiento del cerebro que antes era imposible. Según indica Miesenböck, la neurociencia dependió durante largo tiempo sobre todo del registro de la actividad neural y los intentos de asociarla con las percepciones, acciones y cognición.
Miesenböck añade que el simple cerebro de una mosca podría explicar mucho sobre el funcionamiento de cerebros más complejos. "Como regla general, la biología tiende a ser conservadora, es raro que la evolución 'invente' el mismo proceso varias veces", explica el científicos y concluye que incluso los organismos simples podrían tener una "sorprendente y rica vida mental".



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