Hariri fue designado como primer ministro en junio pero renunció la semana pasada, culpando a grupos rivales - incluido Hezbolá, apoyado por Irán y Siria - de frustrar sus esfuerzos por forjar un gobierno de unidad.
Su decisión obligó al presidente a celebrar una nueva ronda de consultas esta semana que finalizó el miércoles, y Suleiman volvió a elegir a Hariri, hijo del fallecido ex primer ministro Rafik al Hariri, al ser el candidato con mayor apoyo entre los 128 diputados.
Tras la reunión entre ambos, Hariri dijo que la semana que viene comenzarán las consultas para formar gobierno.
'Estaré abierto a todas las ideas', dijo, y añadió que espera formar un gobierno 'incluyente y eficaz'.
Hariri, el político suní más influyente del país, consiguió el respaldo de 73 diputados, la mayoría de ellos de la coalición política que logró la victoria sobre Hezbolá y sus aliados en las elecciones parlamentarias de junio.
Sin embargo, 55 no eligieron a nadie para el cargo, que bajo el sistema de poder compartido de Líbano está reservado para un suní. Entre ellos, hubo diputados de los movimientos Hezbolá y Amal, aliados que dominan la representación chií.
En junio, Amal, liderado por el presidente del Parlamento Nabih Berri, escogió a Hariri para el cargo. Su negativa a repetir la candidatura es interpretada como un signo de creciente división entre Hariri y sus rivales, cuyas diferencias desencadenaron un conflicto armado el año pasado.
Grupos chiíes y sus aliados han dicho que el nuevo primer ministro debe intentar formar un gobierno de unidad que incluya a las principales facciones y que debe acatar, por medio de un acuerdo para compartir el poder, que el gabinete se divida en carteras entre la alianza de Hariri, Hezbolá y sus aliados y un tercer bloque escogido por el presidente.
No se espera que Suleiman, elegido como un presidente de consenso el año pasado, vaya a aceptar dar el visto bueno a ningún gobierno que no tenga el apoyo de todas las facciones. Mientras la crisis se resuelve, en el poder sigue el Gobierno de Fuad Siniora.
Los políticos dicen que el 'impasse' refleja una regresión en las relaciones entre Arabia Saudí y Siria, dos estados con una gran influencia en Líbano y cuyas rivalidades desataron la inestabilidad política y la violencia en el país de los cedros en los últimos cuatro años.


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