La cuarta edición de la Noche en Blanco inundó de ciudadanos las calles de la capital un año más. La iluminación y el regalo como tema principal fueron los protagonistas de la velada, sin olvidar las largas colas que se formaron en museos y exposiciones.
La noche más cultural del año, que en esta ocasión vio reducido su presupuesto, volvió a ser todo un éxito de asistencia. Apenas un par de horas después del comienzo ya se encontraban recorriendo Madrid cerca de 350.000 personas, según Protección Civil. El inesperado buen tiempo y la amplia y variada oferta de actividades animaron al público a contemplar la capital más de cerca.
Para desplazarse al centro lo mejor era utilizar el transporte público por los cortes de tráfico en las principales calles del centro. Sin embargo, a pesar de la ampliación del horario de Metro hasta las tres de la madrugada y el refuerzo en las líneas de autobús, los abarrotamientos fueron inevitables. La hora punta parecía haberse desplazado de las siete a las dos de la mañana.
Las aglomeraciones se dieron por toda la capital. Las largas colas en las entradas de los museos, las calles atestadas y las obras que se están desarrollando en gran parte de las calzadas dificultaron el disfrute de la noche. “Es imposible andar más de dos pasos seguidos”, aseguró Mª Ángeles, “y ahora cualquiera entra al Prado, hay cientos de personas delante de nosotros”.
Sin embargo, disfrutar de lo que la ciudad tenía que ofrecer en esta ocasión bien merecía las interminables esperas. La luz jugó un papel importante en esta edición, en la que una llamativa gama cromática bañó los edificios más destacados de la Gran Vía mientras que un verde luminoso se apoderó del Jardín Botánico.

Iniciativas para todos los gustos y edades inundaron los barrios más céntricos, desde donar sangre a cambio de una ración de sushi en el Matadero de Madrid hasta contemplar una peculiar batalla en la que la voz era la única arma permitida.
La poesía y el cine también tuvieron su hueco en la madrugada del domingo. Los globos blancos que se distribuyeron desde la Plaza Mayor, cerca de 30.000, dispersaron por el aire los poemas de Benjamín Prado y Ajo, y la proyección en la plaza de Oriente de la película Bienvenido Mr.Marshall trasladó a muchos de los espectadores varias décadas atrás.
Música saharaui, trueque de prendas de vestir y un burro gigante colocado justo en frente de la estación de Atocha son otras de las 196 propuestas que tuvieron lugar el sábado. Mucha variedad con un objetivo común: disfrutar de la cultura en una de las noches más especiales del año.




Tres internos vigilan el sueño de José Bretón
Apple inspeccionará a sus proveedores en China
Google tiene luz verde para comprar Motorola
Shakira: "Un león marino ha intentado atacarme"
El uso de Facebook pone fin a la huída de un prófugo italiano
Cospedal insiste en que el PP es el partido que defiende a los trabajadores
'Atrapa un millón' y 'Águila Roja' triunfan en los Tp de Oro
El Benicarló FS desaparece por culpa de las deudas



¡Sé el primero en hacerlo!