"Antes olvidaba pequeñas cosas. Ahora no puedo mantener una conversación con ella"

"Es como mi hijo de un mes, pero con 62 años". Así describe Cristina de Juan el estado de su madre, Marisa, quien hace siete años fue diagnosticada de alzheimer, una enfermedad de la que hoy se celebra el Día Mundial, y que ya no puede valerse por sí misma. Cristina vive dedicada a su madre y su hijo, cuyos cuidados le abarcan las 24 horas.

Te hacía una pregunta dos veces, se iba a la compra y perdía el monedero

Antes de que su madre fuese diagnosticada, Cristina cuenta a 20minutos.es que ya notó cambios en ella, con la que convivía. "Se le olvidaban pequeñas cosas, te hacía una pregunta dos veces o se iba a la compra y perdía el monedero; cosas sencillas y cotidianas, pero veías que no era normal", asegura esta joven de 32 años, vecina de la madrileña localidad de Parla, quien añade que su madre "era muy extrovertida y se fue encerrando en sí misma, le cambió el humor, estaba más triste".

Desde que empezó a notar esos cambios hasta que le diagnosticaron la enfermedad pasaron dos años. En un principio los médicos dijeron que su madre tenía depresión. Como esta conclusión no les convencía, acudieron al Hospital de Getafe, donde tras varias pruebas confirmaron que se trataba de alzheimer, que ya estaba en estadio medio-grave.

Memoria a corto plazo

Cristina cuenta que la primera etapa es la más difícil para los enfermos "porque son conscientes de que les pasa algo, pero no quieren admitir que van a perder la memoria". En esta fase aún "tienen recuerdos, te conocen, pueden mantener una conversación", aunque pierden la memoria a corto plazo. Después, su madre dejó de leer y escribir, hasta que "hoy por hoy no puedes mantener una conversación con ella porque no comprende lo que le dices".

Te cuesta mucho asumirlo y sufres muchos altibajos

Ahora Marisa no es consciente de la situación y de la enfermedad que tiene. Cristina le muestra a su bebé pero "no reconoce que es su nieto". Añade que incluso a ella, con quien pasa todo el tiempo, en ocasiones le llama "mamá" y apunta: "Me reconoce más por la voz que por la imagen". De hecho, Marisa no se reconoce en el espejo.

En su día a día Marisa sigue una rutina. Se levanta a las 8.00 h, Cristina le prepara el desayuno y van a un centro donde está hasta las 13.30 o 14.00 h. Vuelven a casa, comen y por la tarde madre, hija y ahora también nieto, dan un paseo. Después cena y se acuesta sobre las 23.00 h.

La enfermedad ha afectado a su vida familiar. El padre de Cristina falleció hace dos años y sus hermanos ya no viven en casa, por lo que ella se apoyó (y lo sigue haciendo) en su novio y sus amigas para salir adelante, porque la situación "es muy dura". "Te cuesta mucho asumirlo y sufres muchos altibajos", afirma.

Grado de dependencia

"No recibimos ningún tipo de ayuda del Estado ni de la Comunidad de Madrid", declara la joven, que explica que se debe a que "mis hermanos seguían empadronados en esta casa (aunque ya no vivieran en ella) y al aparecer tantas nóminas decían que teníamos suficiente liquidez". En cuanto a la Ley de Dependencia, detalla que "en Madrid no se está dando" y que aún están pendientes de que valoren el grado de dependencia de su madre.

No recibimos ningún tipo de ayuda del Estado ni de la Comunidad de Madrid

Donde sí han recibido ayuda es en la Asociación de Familiares de Enfermos de Alzheimer de Parla (AFA), donde hay logopedas, psicólogos, fisioterapeutas, entre otros facultativos, que no sólo ayudan a los enfermos, "sino también a los familiares", puesto que "la carga emocional es para los cuidadores de los enfermos. Psicológicamente es muy duro".

Cristina pide más centros especializados en esta enfermedad porque a los afectados "no se les puede sentar en una silla y dejar que se entretengan con la televisión". "Hay que estimularles, ir con ellos a los sitios, hacerles reír". "Yo la quiero como mi madre que es, pero no es mi madre. No es lo que yo he conocido", dice con tristeza. ¿Su motivación día a día? "Que mi madre me suelte una sonrisa".

La lucha contra el olvido es muy dura, pero Cristina mira a su bebé, a su novio y a su madre y sentencia: "Hay que poner una sonrisa siempre, no puedes estar llorando en cada esquina". Marisa, mientras, permanece sentada con la mirada ausente.

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