Viernes, 19/03/10. Actualizado hace 1 minuto
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Sin embargo, la corrupción y la mala gestión nublaron el sueño de este empresario millonario, muerto junto a al menos ocho personas.
Pese a los muchos contratiempos, Hariri, de 60 años, siguió en el poder durante la mayor parte de los últimos doce años, renunciando en octubre de 2004 en medio de un agrio enfrentamiento con el presidente Emile Lahoud.
La dimisión de Hariri se produjo cuando el Líbano parecía estar verdaderamente necesitado de sus contactos internacionales para abordar la resolución del Consejo de Seguridad de la ONU en demanda del fin de la participación militar y política de Siria en el Líbano.
Hariri, según fuentes políticas, contempló primero abandonar el poder minutos después de que el presidente sirio, Bashar al Asad, le dijera en agosto que Damasco quería ampliar el mandato de su rival Lahoud.
Habiendo recibido y después desprovisto de los favores de Damasco durante años, recientemente se había sumado a las peticiones de la oposición para que las tropas sirias abandonaran el Líbano antes de las elecciones generales de mayo.
FRICCIONES CON LAHOUD
Las fricciones con Lahoud ayudaron a su persecución desde el poder en 1998 en medio de las acusaciones de que descuidaba a los pobres del país. Esto puso trabas a los esfuerzos del primer ministro para manejar la deuda libanesa que estalló durante el proyecto de reconstrucción de la posguerra que él encabezó.
Este musulmán suní volvió al poder en 2000 después de una gran victoria en las elecciones cuando muchos libaneses no vieron alternativa para mejorar una crisis económica que empeoró en su ausencia.
Pero el optimismo sobre sus habilidades para resucitar el Líbano como un centro financiero y turístico se vio enfriado por el creciente número de enfrentamientos con los leales de Lahoud acerca de la privatización y otros planes para recortar costes.
Cuando el Líbano se enfrentó a una crisis financiera en 2002, Hariri persuadió a Francia para que acogiera un encuentro internacional de prestamistas.
Los vínculos del magnate con líderes europeos, asiáticos y árabes ayudaron a mantener al Líbano lejos del abismo de la deuda durante los esfuerzos por reconstruir Beirut, incluido la creación una cara zona en el centro de la ciudad que fue construida desde las ruinas.
Nacido el 1 de noviembre de 1944 en el seno de una modesta familia de la ciudad portuaria de Sidon, en el sur del país, Hariri pasó veinte años en Arabia Saudí, donde sus contratos en la construcción le granjearon una fortuna que Forbes estimó en 3.800 millones de dólares y le situaron en su lista de los más ricos del mundo de 2003.
Los hombres de negocios le alabaron por recortar la burocracia estatal libanesa y reconstruir Beirut, asolado por la guerra. Pero las esperanzas de un renacimiento económico que florecerían con un proceso de paz en Oriente Medio se marchitaron junto a este.
/Por Nadim Ladki/