Cameron Todd Willingham podría ser el primer reo de la historia de los Estados Unidos cuya inocencia se reconoce oficialmente después de su ejecución, ya que unos expertos han demostrado que no fue autor de los hechos que le llevaron a al corredor de la muerte.
Este hombre fue ejecutado en 2004 mediante inyección letal en Texas después de ser declarado culpable de haber provocado en su casa el incendio que acabó con la vida de sus tres hijas en 1992.
Ese mismo año fue condenado a muerte por un jurado que tomó su decisión basándose en informes periciales erróneos, la evaluación de un psiquiatra que nunca se entrevistó con el reo y una serie de testigos poco fiables que cambiaron sus declaraciones. Esta cadena de circunstancias, aderezadas con una defensa de mala calidad, condenaron a Willingham a la pena capital.
Sin embargo, cinco años después de su ejecución, un nuevo análisis exhaustivo de las pruebas demuestran que el análisis que se hizo del siniestro no fue riguroso, teniendo en cuenta dos informes de expertos forenses difundidos en 2006 por la asociación Proyecto Inocencia que dictaminaron que el incendio fue accidental.




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