El tradicional nervio y temperamento de los futbolistas argentinos parece que se cultiva desde la infancia, a tenor de lo acontecido recientemente en un partido en el país sudamericano, tal y como informa el diario Olé.
Se enfrentaban los infantiles de Boca y River. A la sangre caliente de los jugadores de esas tierras se le unió la encarnizada rivalidad entre estos dos equipos y un penalti protestado hizo el resto.
La pena máxima propició el 2-2, pero el resultado era lo de menos. Antes, cuatro lesionados, siete expulsados y la suspensión del encuentro debido a treinta segundos violentísimos, en los que llovieron golpes, patadas y puñetazos.
"No es bueno que a esta edad pasen este tipo de cosas. Vamos a evaluar lo ocurrido al lado de la gente que estuvo en el lugar", comentó el presidente de Boca, Jorge Ameal. En ambas entidades implicadas abrirán sendas investigaciones para analizar exactamente lo que sucedió.




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