En general, todos los desplazados siguen afectados física y psicológicamente por la tragedia aunque agradecen a Dios y la Guardia Costera de EEUU el haber sobrevivido, precisa el diario.
Muchos saben que, si regresan, no tendrán donde vivir, la inmensa mayoría no tiene seguro con el que cubrir sus pérdidas, y siete de cada diez no tienen una cuenta corriente o una tarjeta de crédito operativa.
Casi nueve de cada diez entrevistados se declaran "esperanzados" de cara al futuro, aunque un tercio de ellos reconocen tener cierto temor.
Tres cuartas partes de los evacuados consultados consideran que la respuesta del Gobierno fue lenta y que "no hay excusa" que lo justifique, mientras que 7 de cada 10 desaprueban la gestión de la crisis, por parte del presidente de EEUU, George W. Bush.
La reacción a la tragedia de las autoridades, no sólo federales sino también estatales y locales, hizo pensar a 6 de cada 10 que "al Gobierno no le importa" la gente que es como ellos.
El sondeo revela lo que puede ocurrir con un "traslado masivo, y a lo mejor permanente, de un bloque de gente pobre de una ciudad a otra", y las consecuencias sociales, políticas y económicas que podrían sentirse por décadas en ambas comunidades.


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