A medio camino entre la desesperación, el desánimo y la incertidumbre. Los comerciantes de la calle Mallorca, entre las calles Lepant y Padilla tenían los sentimientos encontrados ayer, primera jornada en la que cortaron el tráfico en la vía para la construcción de un pozo de ventilación y de una salida de emergencia del AVE.
La propietaria de la zapatería Colominas resumía su estado: «Tengo un hormigueo por dentro», decía mientras ojeaba su negocio, abierto desde hace 56 años y en el que trabaja desde hace 45.
Rosa, de Disc Hogar, comercio activo desde hace 23 años, también se lamentaba mientras miraba las vallas, colocadas desde las 11 de la mañana, y el ir y venir de los obreros: «Van a arrasar la zona, que es de paso». Mientras tanto, Sergio Fasanella, de la trattoria Vitto, llamaba a la Urbana. Con la calle cortada, no sabía por dónde podrían parar los camiones que le abastecen.
«Si al menos nos suprimiesen algún impuesto...», decían la mayoría de comerciantes, que coincidían en quejarse de la falta de información sobre la duración de la obra y la inexistencia de ayudas.


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