El fallo incluye el pago de una indemnización de 200.000 euros en favor de la madre de la niña. La condenada, que lleva ya dos años en prisión, pasará entre rejas, como mínimo, un total de quince años. La imposición de la pena, que será recurrida por la defensa, era el último trámite que quedaba, después de que el jurado popular, integrado por seis mujeres y tres varones, emitieran su veredicto.
Éste consideró probado, por mayoría, que María Rosario R.D. mató de forma intencionada a la niña Ana Elena, pero además con alevosía, dado que no podía defenderse, y con saña, teniendo en cuenta el número de lesiones que presentaba y que provocaron a la víctima un dolor innecesario. En su veredicto, el jurado no estimó atenuante alguna y se mostró además contrario a conceder a la condenada los beneficios de una posible suspensión condicional de la pena e informó también de forma negativa ante una supuesta petición de indulto.
Y es que el jurado descartó las dos versiones de lo ocurrido ofrecidas por la acusada, la de que la niña se atragantó y ella se limitó a practicarle maniobras de reanimación y la última, dada por Rosario de forma sorpresiva a la conclusión del juicio, de que el bebé se golpeó accidentalmente al resbalarse de entre sus brazos cuando le daba de comer, circunstancia que, según dijo, ocultó durante estos dos últimos años por consejo del primer abogado que se ocupó de su defensa.
Una niña muy deseada
Según el veredicto, Rosario asesinó con frialdad a la pequeña cuando, resentida porque se negaba a comer y no cesaba de llorar, extremo éste que es lo único que no considera probado el jurado, la propinó primero cinco o seis golpes en pleno rostro y acto seguido la sujetó por la espalda, zarandeó su cuerpecito de siete kilos de peso con violencia y golpeó su cabeza contra una superficie rígida pero acolchada, posiblemente un sofá, o incluso la arrojó contra algo.
La madre de la pequeña, María Rosario del A.V, auxiliar de enfermería en el Centro de Salud Plaza del Ejército de Valladolid, había dado a luz tras haber sufrido tres abortos y estando ya separada, de ahí, como así destacó en el juicio, que Ana Elena era "una niña muy deseada". Encomendó su cuidado a la canguro, al objeto únicamente de que la paseara y diera de comer, tras buscar, sin éxito, plaza en guarderías privadas y públicas de la ciudad.
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