Zelaya destituyó el miércoles al más alto jefe militar del país y aceptó la renuncia del ministro de Defensa, Edmundo Orellana, después de que las fuerzas armadas se negaran a movilizar las urnas para la consulta del domingo.
Sin embargo, horas después, la Corte Suprema de Justicia ordenó la restitución del jefe del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas, el general Romeo Vásquez, por considerar que no había razón justificada para su destitución.
Minutos después, Zelaya salió desafiante al exterior de la casa presidencial, donde había convocado a sus seguidores, para asegurarles que la consulta se realizará a pesar del desacuerdo de los militares, sectores de su partido e incluso de la Iglesia Católica.
'Yo no creo que las fuerzas armadas enteras estén desobedeciendo al comandante en jefe de las fuerzas armadas (al presidente). Son los grupos fácticos de poder manipulando los poderes del Estado', dijo Zelaya ante cientos de simpatizantes que se concentraron en una explanada de la casa presidencial.
'Vamos a vencerlos como los hemos vencido siempre. Nadie para la consulta del domingo', agregó.
Zelaya dijo que la destitución de Vásquez y la dimisión de Orellana se debió a la desestabilización política que estaban promoviendo algunos sectores, quienes lo acusan de querer perpetuarse en el poder y emular así a su aliado el presidente venezolano Hugo Chávez.
CERCA DE CHÁVEZ
El mandatario se acercó a Venezuela el año pasado al adherir a Honduras a la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA), una iniciativa de Chávez que incluye a Cuba y Nicaragua, entre otros países con gobiernos izquierdistas.
La consulta, declarada ilegal por un juez bajo el argumento de que sólo la autoridad electoral puede convocarla, busca preguntar a los electores si quieren una asamblea constituyente que reformaría la Constitución para permitir la reelección.
Zelaya reivindica su derecho a realizar la consulta, a la cual denomina como 'encuesta'.
En caso de que ganara el 'Sí' el domingo, se incluiría en las elecciones generales del 29 de noviembre una urna especial para formalizar la misma pregunta en un referéndum.
La tensión política ha provocado temores de desestabilización en un país que todavía tiene fresco el recuerdo de sucesivos gobiernos militares que marcaron su historia hasta principios de la década de 1980.
'Está impulsando la consulta al margen de la ley y los militares no quieren ir por ese camino. El presidente tiene que negociar con sus opositores para lograr una salida que no afecte la institucionalidad', advirtió el consultor independiente Efraín Díaz.

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