El seísmo del 6 de abril en la región de Los Abruzos causó la muerte de casi 300 personas y dejó a más de 60.000 sin hogar. Muchos supervivientes dijeron que temen que el gasto en la reconstrucción llegue con demasiada lentitud o no satisfaga todas sus necesidades, y pidieron un control local de los fondos.
'Simplemente no tengo ninguna fe. Tengo la sensación de que la gente simplemente aceptará este decreto ley (...) y correremos el riesgo de seguir en nuestras tiendas dentro de muchos años', dijo Eustachio Gentile, alcalde de Scauri, uno de los pueblos dañados por el terremoto.
La energética respuesta de Berlusconi al seísmo, que incluyó celebrar consejos de ministros en la región devastada y visitarla casi a diario durante semanas, aumentó su popularidad en los sondeos.
También decidió trasladar la próxima cumbre del G-8, prevista para julio, a L'Aquila, la ciudad medieval capital de Los Abruzos que resultó devastada por el peor desastre natural en Italia desde hace tres décadas.
'El G-8 (...) bueno, no me importa nada', dijo uno de los manifestantes, Roberto Gioni. 'Nuestro centro histórico sigue siendo peligroso y nadie hace nada. Sigue habiendo temblores, los edificios están cada vez peor'.
Los manifestantes piden garantías sobre la reparación de los daños, la reapertura del centro histórico, recursos adecuados para resarcir a los empresarios que han perdido sus negocios, y una mayor participación de los ciudadanos en la reconstrucción.

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