Los ordenadores no monopolizan el mundo de la animación: el stop-motion gana terreno. Ésa fue una de las tendencias que dejó el Festival de Annecy, que llegó el fin de semana a su 33.ª edición.
El triunfo de estas dos películas constata un regreso a la animación más clásica y que hay vida en el sector más allá de Pixar o Dreamworks.
Sin embargo, esa vuelta al pasado es relativa: Coraline, por ejemplo, está concebida para ser proyectada en 3D.
Buenas cifras de negocio
Lo que también dejó claro Annecy es que, pese a la situación económica mundial, el sector sigue vivo. Un total de 192 películas, procedentes de 40 países, acudieron a concurso.
El número de asistentes al MIFA, mercado que se celebra a la vez que el festival, creció respecto a la edición anterior. Y la coproducción irlandesa, belga y francesa Brendan and the Secret of Kells, capaz de combinar a la perfección el clásico 2D con animación computerizada, entusiasmó y ganó el premio del público.
Annecy gusta de mirar hacia atrás, y este año celebró los cien años de la animación alemana. Entre las muchas maravillas proyectadas destacó Las aventuras del Príncipe Achmen, creada en 1926 por Lotte Reiniger.












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