Agapito ha vivido nueve de sus 84 años con unas pinzas de cirujano incrustadas en un costado dentro de su tripa. Se las dejaron olvidadas los médicos que le intervinieron de una perforación estomacal y, milagrosamente, se ha dado cuenta a tiempo para contarlo.
Todavía convaleciente en el hospital 12 de Octubre, Agapito cuenta a El País, que notaba que se iba "viniendo a menos, viniendo a menos" y que le dolía la tripa hasta cuando tomaba agua. El radiólogo no daba crédito cuando confirmó en una segunda radiografía que el hombre tenía metida en la tripa unas pinzas de 12 centímetros.
Las pinzas se las acaban de retirar y sus familiares han denunciado al hospital, donde ocurrió el descuido. El daño no ha sido grave, pero sólo porque las pinzas no se movieron en todo este tiempo, pues si le llegan a tocar el bazo podría haber incluso muerto.
Una hija de Agapito pidió a los doctores que le entregaran las pinzas, pero el hospital le denegó su petición porque llevaba muchos residuos orgánicos que había acumulado en nueve años.




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