La banda de rock duro australiana AC/DC ganó por mayoría absoluta en su último concierto de la gira española de la presentación mundial de su último disco, con unos 63.000 espectadores que abarrotaron este domingo por la noche el Estadio Olímpico barcelonés.
Sólo tres meses después de haber llenado el Palau Sant Jordi, la banda australiana demostró que el rock no entiende de abstención cuando se trata de grandes grupos, independientemente de su antigüedad. Sólo hace falta autenticidad, entrega y oficio.
A las 22,00 horas en punto subieron al escenario los hermanos Angus y Malcolm Young (guitarristas), Brian Johnson (vocalista), Cliff Williams (bajo) y Phil Rudd (batería) con los acordes de Rock'n Roll Train, el primer sencillo de su nuevo trabajo Black Ice, que llevan meses presentando en sociedad.
Al igual que en la primera fase de la gira española, en marzo, el concierto se inició con las imágenes de un videoclip animado con los elementos recurrentes del heavy metal: la potencia sonora, unas voluptuosas y lascivas señoritas y una máquina de tren hambrienta de carbón que acaba estrellándose casi sobre el público.
Angus Young, con 54 años bajo su característica gorra, ataviado con su habitual uniforme de colegial, pantalón corto incluido, ofreció sus habituales solos y característicos riffs.
En el Estadio Olímpico, el grupo pudo desplegar un colosal escenario, mucho más grande que el exhibido en marzo, coronado por una gorra con los cuernos bermellones del grupo, y, sobre todo, más vatios de potencia sonora.
Muñeca hinchable gigante
No faltaron los efectos especiales, las grandes pantallas, una pasarela que llegaba hasta casi el centro del pabellón, una muñeca hinchable gigante y una enorme locomotora de decorado.
En las cerca de dos horas que duró el concierto, la banda australiana ofreció básicamente sus grandes éxitos, ésos que el público se sabe de memoria y que coreó al compás de brazos y piernas, de golpes de melena y aleteo de manos con cuernos.
En medio del repertorio, incluyeron cinco de los quince temas que componen su último álbum, como Rock'n Roll Train, que algunos abnegados seguidores ya han bautizado como el Highway to Hell del siglo XXI, Big Jack, Black Ice, War Machine y Anything Goes.
En la primera parte de la velada, el quinteto interpretó algunos de sus temas más populares como el rotundo Back in Black, el contundente Dirty Deeds Done Dirt Cheap, Thunderstruck o el bluesero The Jack.
En el ecuador del concierto, una enorme campana descendió de lo alto del escenario, mientras tañían las campanas de Hells Bells, otro de esos himnos del rock made in Australia.
la hora de hacer un 'striptease' y enseñar
los calzoncillos
En la parte final de la noche, los australianos atacaron algunos de los temas de su último trabajo, y en la despedida interpretaron canciones para la galería como You Shook Me All Night Long, la explosiva TNT con llamaradas incluidas en el escenario, Whole Lotta Rosie y, ya en los bises, el manifiesto 'isidisiano', Highway to Hell.
El icono del grupo, Angus, ofreció a la entregada audiencia desde su famoso "baile del pato", hasta un solo de guitarra con una sola mano acariciando el mástil de su guitarra, o un striptease con los acordes de The Jack, para el final enseñar el trasero de sus calzoncillos con el anagrama del grupo.




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