Recibir en corazón de un asesino o de una mala persona es científicamente irrelevante para el sujeto receptor. No hay la más mínima evidencia de que junto al órgano se "trasplanten" también rasgos de la personalidad del donante.
Pero, según un estudio difundido por BBC y llevado a cabo por el neurocientífico Bruce Hood, las personas preferirían recibir un corazón de "una buena persona". Este investigador de la Universidad de Bristol (Reino Unido), solicitó a un grupo de 20 estudiantes británicos que imaginaran que necesitaban un trasplante de corazón.
Entonces les mostraron fotografías de desconocidos y les preguntaron si aceptarían el órgano de esas personas. Después les mostraron las imágenes una segunda vez, pero añadiendo si cada una era de una buena o una mala persona. Esto hizo aumentar considerablemente las reacciones negativas de los estudiantes y el más rechazado fue el corazón de un asesino.
Según sostiene el profesor Hood, 1 de cada 3 personas que viven con un corazón trasplantado cree tener algún tipo de conexión psíquica con el donante, como compartir recuerdos o experiencias. Este fenómeno recibe el nombre de "esencialismo psicológico", la falsa creencia de considera que la personalidad reside en los órganos y viaja con ellos.

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